Se reencontró con su padre en San Rafael, después de haber estado perdida durante 15 años
Transcurría un día más del año 2008 y el empleado municipal de Tucumán, Miguel Polonio, volvía a su casa luego de un arduo día de trabajo.
Pensó que allí lo esperaría su hija Anita de 18 años, quien concurría a una escuela para personas con discapacidad, ubicada a tres cuadras de su hogar.
Pero la muchacha no estaba ni allí ni en ningún otro lugar. Nadie conocía su paradero, ninguna persona la había visto. Lo peor es que pasaban las horas, pasaban los días y Anita no regresaba. Y finalmente nunca volvió.
El hombre y su familia la buscaron allí, en las provincias del norte argentino y en todas partes. La situación se tornó desesperante. Anita hacía un tiempo había sido mamá y despareció sin dejar rastros, dejando a su familia con la más absoluta pena y misterio, y a una pequeña criatura sin su madre.
Como si la tierra se la hubiera tragado, pasaron 15 años sin una sola señal de Anita, quien nunca más volvió a ver su hijo. Pero el final feliz comenzaba a escribirse en San Rafael, a 1.100 kilómetros de Tucumán.
Hace unos días una mujer de mediana edad llegó desorientada a una casa ubicada en la calle Tulio Angrimán. Una familia la vio, le abrió la puerta, la albergó y – por supuesto – informó la situación a la policía.
Aquí comienza la historia de nuestro héroe Alexis Bustamente, auxiliar de la Comisaría 38° quien – en diálogo con LV4 SAN RAFAEL – afirmó que, con la ayuda de los datos biométricos, se logró conocer el nombre y el DNI lqde esta mujer, quien no podía expresarse con claridad y sólo mencionaba que era de Tucumán.
Anita tiene actualmente 33 años (cuando desapareció era una adolescente de 18), padece retraso madurativo y vive en el Hogar La Divina Providencia. De su pasado y de como llegó a San Rafael no recuerda nada.
El policía Bustamante empleó el 100% de su tiempo libre para indagar en la historia de esta joven y – preguntando y preguntando – dió con el teléfono de la familia, que aun vivía en el lejano Tucumán.
Apenas recibió la llamada telefónica, el papá de Anita, Miguel Polonio, se tomó un colectivo a San Rafael. «Se vino sólo con un bolsito algo de ropa y una frazada, muy poco dinero y sin teléfono”, contó el auxiliar de la 38.
El problema fue que Miguel llegó a San Rafael sin saber a dónde ir ni por quien preguntar. Por suerte, una de sus hijas – muy preocupada – se comunicó con Alexis para pedirle que encontrara a su papá, y para ello le envió una foto y le explicó cómo estaba vestido.
Durante días el uniformado recorrió las calles de San Rafael, dedicando su tiempo personal a encontrar a este padre, desesperado por reencontrarse y abrazar a su hija. Otro pilar de esta historia tiene que ver con el Hospital Schestakow, desde donde se comunicaron con la policía local, informando sobre la presencia y atención médica de un señor desorientado, quien acababa de llegar a Tucumán y que pedía ayuda.
Así Alexis conoció a don Miguel y se lo llevó a su casa. Entre charlas, recuerdos y mates, se enteró que había estado buscando a su hija Anita por 15 años, y que había denunciado su desaparición en varias provincias.
El día tan esperado al fin llegó. La escena más feliz tuvo como epicentro a los tribunales de San Rafael, a más de 1.000 kilómetros de distancia, de la tierra natal de los Polonio.
“Estábamos en una sala esperando cuando trajeron a Anita, quien reconoció – pese al largo tiempo – de inmediato a su papá, y corrió a abrazarlo, en un apretón que duró muchos minutos”, dijo Alexis emocionado.
A partir de ahora comenzarán los trámites del traslado a su provincia natal. No será algo fácil porque Anita tiene aquí dos hijos que viven en un hogar adoptivo. A sus bendis las ve cada 15 días.
Una historia de amor, ausencias y desgarro que nos conmovió (en realidad nos hizo llorar) a todos. Pero terminó como queremos que sea siempre, con un final feliz porque ahora padre e hija están juntos y muy bien de salud.
La historia de un papá desesperado, que nunca bajó los brazos, y de una hija perdida, que esperaron 15 años para poder abrazarse, gracias al maravilloso corazón de un empleado público, al que le tendríamos que hacer un homenaje.
Foto 1: Anita y su papá Miguel.
Foto 2 Nuestro héroe Alexis y Don Miguel Polonio.
Fuente: LV4

