Los sueldos de hoy compran casi 10 tanques menos de nafta y la baja todavía no tiene fecha
Un salario privado registrado alcanzaba en noviembre de 2023 para llenar 26,3 tanques de nafta súper de 50 litros. En julio de 2026, ese sueldo cubrió 16,4. La diferencia -casi diez tanques menos- no es considerado producto de un único factor, sino de una ecuación que arranca con la desregulación del sector energético que amplió el margen de las petroleras para actualizar precios, se profundizó con impuestos al combustible que se actualizan en cuotas y salarios que corrieron muy por detrás de la inflación energética, y encuentra su capítulo más reciente en el conflicto de Medio Oriente, que primero disparó el precio del crudo y ahora, luego bajó y ahora está un subibaja, promete una baja que todavía no tiene fecha firme en los surtidores.
El dato surge de un informe del Instituto Argentina Grande (IAG), que cruzó la mediana salarial del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) con la evolución del precio de la nafta súper. El relevamiento arrojó que, mientras el salario privado registrado creció 311% entre noviembre de 2023 y julio de 2026, el valor de la nafta se apreció 558% en el mismo período.
La brecha entre ambas variables explica, en gran medida, por qué el poder de compra del sueldo en términos de combustible se deterioró de forma sostenida.
El retroceso se aceleró desde el inicio del conflicto entre Estados Unidos e Irán. En febrero de 2026, antes de que comenzaran los ataques, el salario mediano privado registrado permitía adquirir 19,4 tanques. En julio, esa cifra cayó a 16,4: tres cargas plenas menos en apenas cinco meses.
El precio de la nafta súper subió 27,2% desde el inicio de la guerra, sin que los salarios lograran acompañar ese ritmo.

Cómo funcionó el escudo de precios
La paradoja que advierten los analistas es que, durante los meses más álgidos del conflicto, el precio en los surtidores no reflejó en su totalidad la disparada del crudo internacional. YPF, con más del 55% del mercado minorista de combustibles, puso en marcha el 1° de abril un mecanismo de amortiguación -denominado internamente “buffer”- que el resto de las petroleras replicó.
El sistema buscaba evitar que la volatilidad de la cotización del barril Brent, que llegó a subir más del 50% durante la mayor intensidad del conflicto, se trasladara de forma directa a los precios al consumidor y presionara el índice de inflación.
El buffer operó en dos etapas. La primera duró 45 días; la segunda se extendió por 30 días, con un aumento del 1% en el precio del combustible durante ese período.
Gracias a ese mecanismo, la nafta súper se mantuvo en torno a los $2.000 por litro entre abril y junio, cuando el crudo internacional marcaba valores muy superiores a los que ese precio local implicaba.
Pero el esquema tenía una condición explícita desde el principio: cuando el precio internacional del petróleo comenzara a bajar, el valor en el surtidor no bajaría de inmediato. Primero, las petroleras recuperarían las ganancias resignadas durante los meses de contención.
La consultora 1816 analizó: “Durante varios meses, gracias al buffer, la nafta fue más barata de lo que correspondía según el precio del Brent y del A3500 (tipo de cambio mayorista que fija el BCRA), de modo que el sobreprecio actual no hace ni más ni menos que compensar a los refinadores y expendedores de combustibles”.
La reducción que no llega
A mediados de junio, Donald Trump y el canciller iraní Kazem Gharibabadi acordaron un cese del fuego por 60 días y la reapertura del estrecho de Ormuz -por donde transitaba antes de la guerra cerca del 20% del suministro mundial de petróleo y gas natural licuado (GNL)- . La noticia desató una caída inmediata del crudo; el Brent llegó a perder más del 5% en una jornada y tocó los USD 82 por barril, el valor más bajo en tres meses.

Un mes más tarde, Trump declaró que el alto el fuego “ha terminado”, aunque aclaró que su país continuaría las conversaciones diplomáticas a pedido de Irán. El petróleo volvió a a bajar después de tres días de suba.
Aun con ese rebote, los combustibles en Argentina no se movieron. Y la pregunta que circula en el mercado es cuándo llegará la baja.
Fuentes del sector consultadas por Infobae estiman que septiembre “suena lógico” como fecha para un primer ajuste a la baja, aunque advierten que ese plazo podría acortarse si el barril sigue cayendo. El litro de nafta hoy supera por poco los $2.000 y, señalan las fuentes, “siempre estuvo un poco por encima del dólar”, lo que hace que una reducción de esa magnitud “no suene irracional”.
En tanto, 1816 va más lejos en su proyección: si el objetivo de la industria fuera compensar la totalidad del congelamiento aplicado durante el buffer, la nafta debería mantenerse con los precios actuales hasta mediados de noviembre, con el valor actual del Brent en pesos como referencia.
La consultora también estima que, para adecuarse a los menores precios internacionales del crudo, los combustibles deberían bajar aproximadamente 16%, lo que tendría un impacto directo sobre el Índice de Precios al Consumidor (IPC) de alrededor de 0,65 puntos porcentuales, sin contar el efecto indirecto sobre otros precios de la economía.
La velocidad de ese proceso, advierte 1816, “dependerá, en parte, de YPF”, que por su participación de mercado superior al 50% en el comercio minorista tiene la capacidad de fijar el precio de referencia de la nafta y el gasoil.

La cuestión impositiva
A la ecuación del buffer y los precios internacionales se suma una variable que opera en paralelo y que también presiona el precio final en el surtidor: la carga impositiva sobre los combustibles. A través del Decreto 562/2026, publicado en el Boletín Oficial el 1° de julio con las firmas del presidente Javier Milei, el ministro de Economía Luis Caputo y el jefe de Gabinete Diego Santilli, el Gobierno dispuso un incremento del 1% en el Impuesto sobre los Combustibles Líquidos y en el Impuesto al Dióxido de Carbono.
La medida sigue un patrón que se repite desde 2024: aplicar una porción menor del ajuste acumulado y diferir el resto al mes siguiente. Para julio, el impacto concreto es de $21,19 por litro en el caso de la nafta sin plomo -más $1,298 por litro del Impuesto al Dióxido de Carbono-, y de $18,96 por litro para el gasoil, con un tratamiento diferencial para las provincias patagónicas y el partido de Patagones.
El grueso del ajuste pendiente -que acumula remanentes de 2024, 2025 y el primer trimestre de 2026- quedó diferido a agosto
El grueso del ajuste pendiente -que acumula remanentes de 2024, 2025 y el primer trimestre de 2026- quedó diferido a agosto. Aunque los antecedentes sugieren que ese cronograma podría volver a correrse.
El mecanismo de actualización, establecido por el Decreto 501/2018, fija revisiones trimestrales en enero, abril, julio y octubre de cada año, con base en la variación del IPC que releva el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec). La administración y el control de la recaudación quedan a cargo de la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA).
Fuente: Infobae

