Cuatro mujeres, cuatro historias detrás del uniforme de la Policía de Mendoza

Cuatro mujeres, cuatro historias detrás del uniforme de la Policía de Mendoza
En el Día de la Mujer Policía, cuatro integrantes de la fuerza cuentan por qué eligieron la profesión, los desafíos que atravesaron y qué significa llevar el uniforme. Sus recorridos atraviesan distintas áreas y responsabilidades dentro de la Policía de Mendoza.

Hay una parte del trabajo policial que se ve. El uniforme, un patrullero, una intervención, una llamada al 911, un operativo. Y hay otra que transcurre lejos de la mirada de los demás: las horas de preparación, las decisiones que deben tomarse en segundos, los procedimientos que siguen presentes después de terminar un turno y el desafío cotidiano de compatibilizar una profesión exigente con la vida personal y familiar.

Este 14 de agosto, Día de la Mujer Policía, cuatro mujeres de la Policía de Mendoza cuentan esa parte de la profesión.

Actualmente, más de 3.200 mujeres integran la Policía de Mendoza y representan cerca del 34 % de la fuerza. Cumplen funciones en distintas áreas, especialidades y niveles de conducción, tanto en tareas operativas como de planificación y coordinación.

Cuatro de ellas cuentan sus historias. Llegaron a la fuerza por caminos diferentes y hoy ocupan lugares de responsabilidad en distintas áreas de la seguridad pública. Sus recorridos muestran también el camino construido por las mujeres dentro de la institución, a partir de la capacitación, la experiencia, el trabajo y la vocación.

Edith González y veinte años aprendiendo que detrás de cada procedimiento hay una persona

La subcomisaria Edith González lleva 20 años en la Policía de Mendoza y actualmente se desempeña como segunda jefa de la Subcomisaría San José, en Tupungato.

Eligió la profesión porque buscaba una tarea desde la cual pudiera ser útil, proteger a otras personas y aportar a la comunidad. Dos décadas después, asegura que esa decisión transformó también su manera de mirar la vida.

Durante casi siete años fue instructora en el Instituto Universitario de Seguridad Pública (IUSP), principalmente en el Valle de Uco, y también cumplió esa función en la sede central. Esa experiencia reforzó una convicción que mantiene hasta hoy: la preparación es indispensable, pero el conocimiento debe estar acompañado por valores.

“Una buena policía tiene que tener vocación, responsabilidad, disciplina y capacidad para tomar decisiones, pero fundamentalmente mucha humanidad”, sostiene.

Con los años aprendió a mantener la calma y resolver bajo presión, pero también a reconocer algo que muchas veces queda fuera de la escena de una intervención.

“La gente muchas veces ve el uniforme y el momento del procedimiento, pero no ve todo lo que hay detrás. No ve las horas de capacitación, la preparación, las guardias, las decisiones que hay que tomar bajo presión ni el esfuerzo emocional que implican determinadas situaciones”, explica.

Para González, ser mujer también aportó una forma particular de ejercer la función. La sensibilidad, la escucha y la empatía, señala, fueron herramientas que muchas veces le permitieron comprender mejor a quien tenía enfrente, sin perder la firmeza que exige el trabajo policial.

También reconoce el desafío de separar aquello que ocurre durante el servicio de la vida familiar. “Uno aprende a actuar y mantener la calma, pero eso no significa que las situaciones no nos afecten. Con los años aprendí a manejar esas experiencias con mayor madurez y a transformar las dificultades en aprendizaje”, detalla.

«Si pudiera hablar con aquella mujer que comenzó este camino hace 20 años, le diría que confíe en sí misma, que nunca deje de capacitarse y que conserve sus valores», sostiene al recordar que “después de 20 años llevando este uniforme puedo decir que todo el esfuerzo valió la pena”.

 

Mónica Delamer, de jugar a ser policía a conducir una jefatura

Para la comisaria Mónica Delamer, jefa Departamental Guaymallén Oeste, la elección empezó mucho antes de ingresar a la fuerza. Tenía cinco o seis años cuando jugaba a ser policía y hasta se fabricó su propia credencial. Sus padres todavía la conservan. Hoy lleva 28 años de servicio.

Cuando llegó el momento de elegir su futuro también evaluó incorporarse al Ejército. Ingresó a ambas instituciones, pero finalmente eligió la Policía de Mendoza y comenzó desde el escalafón de agente.

A partir de allí continuó formándose. Estudió para ser oficial, obtuvo una licenciatura, cursó Abogacía e idiomas y realizó capacitaciones en distintas especialidades policiales. “Jamás me vi en otra profesión que no fuera ser policía”, resume.

En esos años atravesó situaciones que todavía recuerda con precisión. Una de ellas fue un enfrentamiento armado en el que dos policías quedaron frente a cinco personas que disparaban. Durante esos segundos, cuenta, la preparación ocupa todo el pensamiento: protegerse, cuidar al compañero y responder ante la situación.

Lo que sucede después pertenece a esa otra parte del trabajo que pocas veces se conoce. “Después llegás a tu casa como si nada hubiera pasado. Atendés a los chicos, preparás todo para la escuela y, cuando finalmente estás sola, descargás todas las emociones que contuviste durante el día”, recuerda.

Esa experiencia también atraviesa hoy su forma de conducir. Desde su lugar busca que quienes trabajan con ella puedan compatibilizar las exigencias policiales con momentos importantes de su vida familiar y transmitir a quienes vienen detrás lo que aprendió durante casi tres décadas.

Para Delamer, enseñar tampoco es una cuestión secundaria. Es preparar al policía que mañana puede estar al lado de otro en una situación crítica y del que dependerá, en buena medida, que el equipo pueda responder.

Durante toda su carrera mantuvo presente un consejo de su padre: “Si un hombre lo hace, vos también podés”. Ese mensaje es también el que busca transmitir a las mujeres que están comenzando. Prepararse, aprender, terminar aquello que empiezan y demostrar con trabajo que pueden ocupar los lugares para los que se formaron.

 

Yanel Delgado, preparación para estar a la altura cuando el equipo la necesita

La subcomisaria Yanel Delgado lleva 19 años en la Policía de Mendoza y actualmente conduce la Unidad de Vehículos Aéreos No Tripulados (VANT).

Su primera referencia estuvo dentro de su propia familia. Un tío que prestaba servicio en la Patrulla de Rescate despertó su admiración por una profesión atravesada por la vocación de servicio y la posibilidad de ayudar a otros en situaciones difíciles. Una vez dentro de la Policía construyó su propio camino, ligado especialmente a las unidades especiales.

Uno de los procedimientos que marcó su carrera ocurrió durante un motín en el Complejo Penitenciario Almafuerte. Cuatro pelotones llegaron para intervenir. Tres estaban integrados por hombres y el cuarto era el suyo. Cuando el responsable del operativo seleccionó los dos grupos que ingresarían a trabajar de manera directa, eligió a su equipo.

La experiencia terminó de confirmar algo que Delgado ya pensaba: “En una situación de estas características no importa si sos hombre o mujer. Importa estar preparado para cumplir la función y responder cuando tu equipo te necesita”.

Otro de los momentos que recuerda ocurrió durante la pandemia. Su hija tenía tres años y debió trasladarse con ella a Uspallata para poder cumplir con sus obligaciones. Encontrar el equilibrio entre la función policial y la maternidad fue uno de los desafíos más complejos de aquellos años y, asegura, pudo hacerlo gracias al acompañamiento de su familia, sus compañeros y sus superiores.

Hoy, desde un puesto de conducción, conoce también otra cara de la responsabilidad. Hay noches en las que el personal de su unidad está desplegado y el descanso llega recién cuando sabe que todos regresaron a la base.

“La gente generalmente ve el resultado, pero no ve lo que hay detrás. Hay horas de capacitación, preparación, coordinación y planificación”, explica. Después de 19 años, el uniforme mantiene para ella el mismo significado: compromiso, respeto y responsabilidad.

«A aquella joven que ingresó a la Policía le diría que siga siendo la misma y que nunca deje de aspirar a crecer», afirma. A las mujeres que hoy están pensando en incorporarse les pide que se preparen y que no se pongan límites. “Nadie les va a regalar nada. Hay que prepararse para ocupar el lugar que una quiera y, una vez allí, trabajar para estar a la altura de la responsabilidad asumida”, sostiene.

 

Gabriela Melzi y una profesión donde las decisiones se toman en segundos

La comisaria Gabriela Verónica Melzi lleva 26 años de servicio y actualmente es jefa del Centro Estratégico de Operaciones (CEO) de la zona Sur.

Su decisión nació durante el último año de la secundaria. Veía regresar los fines de semana, uniformados, a amigos que se estaban formando y empezó a imaginarse en ese lugar. No tenía familiares dentro de la fuerza y para su entorno la decisión no fue sencilla, aunque encontró el apoyo necesario para comenzar.

Más de dos décadas después, asegura que volvería a elegir la misma profesión. Su trayectoria le enseñó especialmente el peso de las decisiones que debe tomar un policía. “Muchas veces tenemos la vida de otras personas en nuestras manos. Una palabra o un movimiento pueden desencadenar una situación en cuestión de segundos. No hay tiempo para dudar”, detalla.

Por eso, cuando habla de las cualidades necesarias para ejercer la profesión, coloca una por encima del resto: “Un buen policía, primero que nada, debe ser una buena persona”.

Cuando Melzi ingresó, la presencia femenina dentro de la Policía era considerablemente menor. Sin embargo, asegura que durante su carrera nunca sintió que sus compañeros dudaran de su capacidad por ser mujer y recuerda especialmente la confianza que se construye entre quienes trabajan juntos en la calle.

“Para un policía, el compañero es su otra mitad. Mi compañero cuida mi espalda y yo cuido la de él, confiando plenamente el uno en el otro”, agrega.

También están los cumpleaños, las fiestas y los actos escolares que coinciden con una guardia. Las reuniones familiares que deben abandonarse por un procedimiento. Las madrugadas en las que suena el teléfono y hay que salir. Son, dice, algunas de las cosas que la sociedad no ve.

“Tenemos horario de entrada al trabajo, pero nunca horario de salida. Debemos equilibrar la función sin dejar de cumplir el rol familiar y personal”, indicó Melzi.

Si pudiera encontrarse con Gabriela en su primer día dentro de la institución, la respuesta sería breve: “Ese es el camino. Valió la pena el esfuerzo”.

 

Cuatro recorridos y una misma vocación

Las cuatro historias tienen recorridos distintos. También diferentes jerarquías, destinos, experiencias y años de servicio. Pero detrás de esas diferencias aparecen puntos en común.

La capacitación permanente. La responsabilidad de decidir cuando el tiempo apremia. La confianza en quien trabaja al lado. El impacto de situaciones que muchas veces continúan después de dejar el uniforme. Las familias que acompañan y una profesión que exige preparación, disciplina, compromiso y vocación de servicio.

Edith González resume esa mirada al definir qué significa para ella ser mujer policía: “Es tener la fortaleza para enfrentar cada desafío, la capacidad para seguir aprendiendo y la sensibilidad para no olvidar nunca que detrás de cada procedimiento hay una persona”.

Yanel Delgado pone el acento en la preparación y en el trabajo en equipo: “No se trata de una competencia entre hombres y mujeres, sino de estar preparados para responder como equipo cuando la sociedad nos necesite”.

Mónica Delamer habla desde una elección que hizo cuando era apenas una niña y que mantiene 28 años después: “Amo mi profesión. Jamás me vi haciendo otra cosa que no fuera ser policía”. Y a las mujeres que hoy empiezan a recorrer ese camino les deja una convicción que la acompañó durante su carrera: “Se puede llegar”.

Gabriela Melzi, por su parte, asegura que volvería a elegir la misma profesión y define ser mujer policía como “transformar el miedo en fuerza y el deber en inspiración”. Después de 26 años de servicio, sostiene que el esfuerzo valió la pena y que sigue llevando el uniforme con el mismo orgullo.

Este 14 de agosto, sus historias muestran parte del camino recorrido por las mujeres dentro de la Policía de Mendoza. Cuatro trayectorias diferentes, atravesadas por experiencias personales y profesionales, que comparten una misma elección: ser policías y asumir cada día la responsabilidad que implica llevar el uniforme.

Una fecha en memoria de Érica Bercich López

En Mendoza, el Día de la Mujer Policía se conmemora cada 14 de agosto desde 2018, cuando la Ley 9087 instituyó la fecha en homenaje a Érica Beatriz Bercich López, la primera mujer policía del país que perdió la vida en acto de servicio.

Bercich ingresó como agente del cuerpo auxiliar y luego se formó en la Escuela de Policía de General San Martín, donde fue escolta de Bandera. En 1997 egresó como oficial subayudante del cuerpo de comando y fue destinada a la Compañía Motorizada.

El 24 de marzo de 1999, mientras se desempeñaba como encargada de turno, murió cuando se dirigía a auxiliar a compañeros que intervenían en un procedimiento en Rodeo de la Cruz, Guaymallén.

Su historia dio origen a una conmemoración que reconoce la vocación, el compromiso y la tarea de las mujeres que integran la Policía de Mendoza.