El Gobierno sostuvo el superávit con más ajuste y llevó la inversión y los giros a las provincias a niveles mínimos
Se trata de una de las principales variables del programa económico oficial y también de las negociaciones con el FMI. Qué pasó durante los primeros siete meses de 2026 y los desafíos para lo que viene.
Pasada la primera mitad del año, el Gobierno logró mantener las cuentas públicas con saldo positivo. Sin embargo, el resultado fiscal se consiguió a costa de un importante recorte del gasto para compensar la caída de los ingresos en términos reales. Entre las áreas más afectadas, las transferencias a las provincias y la inversión aparecen en niveles mínimos.
Según información oficial, durante julio, el Sector Público Nacional registró un resultado financiero superavitario por $244.897 millones, producto de un resultado primario positivo de $2.960.333 millones. De esta manera, en siete meses se acumuló un superávit financiero equivalente al 0,1% del PBI y un superávit primario de aproximadamente 0,9% del producto.
Pero ahora, a la hora de revisar los pormenores que le permitieron al equipo económico alcanzar ese saldo, las consultoras privadas advirtieron sobre algunas cuestiones.
En primer lugar, de acuerdo con las cifras relevadas por la consultora Outlier, durante los primeros siete meses del año, los ingresos primarios tuvieron una caída en términos reales de 4,5% y se ubicaron por debajo del mismo período de 2025. Ese retroceso se explicó por la baja en los derechos de exportación, los impuestos a las importaciones y la Seguridad Social.

En ese escenario, para sostener el superávit, el Gobierno profundizó el ajuste por el lado de los gastos. Según Outlier, inversión y transferencias a las provincias siguen ubicándose como las partidas más afectadas.
“La inversión pública representó apenas 0,15% del PBI en los primeros siete meses y las transferencias a provincias, 0,10%, ambas en niveles mínimos. Los subsidios económicos, en cambio, mostraron una leve recuperación y alcanzaron 0,54% del PBI, frente al piso de 0,46% de 2025, en parte por el impacto del shock energético internacional”, indicaron.
El superávit primario no solo es una de las principales variables que sostienen el programa económico oficial, sino que también es clave en las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI), que para 2026 dispuso que el resultado primario debe alcanzar el 1,4% del PBI.
Ese objetivo anticipa un panorama desafiante para los próximos meses, ya que la relación entre gastos e ingresos se mantiene por debajo de los años previos de la gestión de Javier Milei.
“El resultado primario acumulado de los primeros siete meses sigue corriendo por debajo de lo registrado durante los períodos comparables de 2024 y 2025 y para sostener la meta de superávit primario de 1,5% consagrada en la Ley de Presupuesto 2026, y algo por encima del 1,4% referenciado en el último staff report del FMI, el segundo semestre deberá aportar casi el mismo resultado primario que el primero”, analizaron en Outlier.
De igual manera, en LCG también advirtieron sobre las dificultades de cumplir la meta acordada con el Fondo, especialmente dada la caída de los ingresos.
“Más allá de la voluntad del gobierno en mantener la disciplina fiscal, entendemos que será la tolerancia social la que termine marcando la magnitud y la composición final del ajuste necesario para el cumplimiento de la meta, sobre todo en la víspera de un año electoral y en momentos en los que el presidente viene perdiendo imagen”, sostuvieron en esa compañía.
De esta manera, el margen para seguir recortando algunas partidas comienza a ser cada vez más acotado. Además, el desempeño de los ingresos será uno de los principales factores a seguir durante la segunda mitad del año: si la recaudación no logra recuperar dinamismo, el cumplimiento de la meta fiscal exigirá mantener la presión sobre el gasto.

