Sorpresa en Brasil: con el 90% de los votos escrutados, Flavio Bolsonaro supera a Lula da Silva por 4 puntos, pero habría balotaje

Sorpresa en Brasil: con el 90% de los votos escrutados, Flavio Bolsonaro supera a Lula da Silva por 4 puntos, pero habría balotaje

Son las elecciones más ajustadas de la historia. El hijo del ex presidente tiene el 47,6 y el actual jefe de Estado el 44,4% La abstención ronda el 22 por ciento y sería superior a la registrada en 2020 que fue récord.

Más de 158 millones de votantes estuvieron habilitados para acudir a las urnas este domingo. Las mesas de todo el país abrieron a las ocho, misma hora de Argentina. Con el 85% de los votos escrutados, el derechista Flávio Bolsonaro supera por cinco puntos a Lula da Silva y por el momento habría balotaje. El resultado es sorpresivo pero todavía imprevisible. Son las elecciones más ajustadas de la historia democrática del gigante sudamericano pero estarían indicando un voto castigo contra el presidente de sus votantes tradicionales en la base del ingreso.

En esta cita, además de los principales, hay otros diez postulantes que no tienen oportunidad. Si hay balotaje los votos de ese grupo serán importantes para medir la oportunidad de los dos principales. También se vota por gobernadores, la renovación de la Cámara de Diputados y dos tercios del Senado.

El mandatario votó en San Pablo, en Sao Bernardo do Campo, donde se inició su carrera política. Lo hizo exhibiendo una bandera de Brasil y acompañado de su vice Geraldo Alckmin y su ex ministro de Hacienda, Fernando Haddad, candidato a la gobernación del Estado, y la ministra de medio ambiente, Marina Silva. Se mostró confiando y aseguró que ««los electores deberán elegir entre fortalecer el régimen democrático y la barbarie, entre el positivismo y el negacionismo, el crecimiento económico y retroceso, vamos a ver qué Brasil eligen los brasileños«.

El senador Bolsonaro, por su parte, sufragó inmediatamente después de la apertura de las mesas, en su distrito de Rio, y afirmó ante una nube de periodistas y cámaras que lo esperaban, que se propone «liberar al paìs», en alusión a su adversario presidencial. «Brasil necesita cambio para acabar con la era de atraso», postuló.

La elección se realiza con máquinas de votación, una tradición aquí que cumplió este años tres décadas de uso continuado, cuestionados solo y por primera vez por el anterior presidente Jair Bolsonaro.

Un problema que preocupó a los dos rivales es una abstención creciente, que habría perjudicado especialmente al mandatario debido a que, según los especialistas, la resistencia a votar se observa en los sectores de menores ingresos de hasta dos salarios, votantes históricos del mandatario. El conteo preliminar indicaba un 22 por ciento de ausentismo, superior a poco más del 20% registrado en las elecciones de 2022, que ya fue un récord desde el regreso de la democracia a este país.

En Brasil el voto es obligatorio, pero las sanciones son apenas simbólicas. La razón del desinterés es por las dificultades para cumplir con el presupuesto familiar lo que ha multiplicado las deudas para cuestiones básicas. Ocho de cada diez familias confrontan préstamos para cubrir sus necesidades básicas. Estos votantes no creen que pueda haber un cambio a su favor en adelante, no importa quién gane la compulsa por eso no votaron. La ausencia confronta un voto castigo hacia la gestiòn de Lula que se enfocó en un extraordinario suceso de nùmeros macro.

La campaña de 2026 se caracteriza, precisamente, por la menor movilización desde el retorno a la democracia. Y es la primera sin debates entre las figuras principales. En una encuesta de Datafolha publicada este viernes, el 47% de los encuestados dijo que esta menos interesado en la contienda electoral. El oficialismo ha intentado resolver ese desafío con la convocatoria al voto de los mayores de 70 años, un sector conservador que adhiere al mandatario socialdemócrata, y no están obligados a sufragar como en Argentina.

A nivel geopolítico Estados Unidos ha hecho una apuesta total por la victoria del senador Bolsonaro, un dirigente que recibe los votos de su padre, Jair Bolsonaro, y tiene un vínculo vertical con la cancillería norteamericana. El secretario de Estado, Marco Rubio, le ha dado un público respaldo al postulante conservador y multiplicado los cuestionamientos a la gestión de Lula da Silva.

La Casa Blanca apunta un control sin fracturas de la región. Desde la llegada del presidente Donald Trump al poder, las siete elecciones presidenciales en el área concluyeron con la victoria de candidatos alineados con el gobierno estadounidense. Brasil es el plato fuerte de esa iniciativa. Es la segunda economía del hemisferio y expone una influencia verificable con fronteras con diez países del subcontinente.

La elección ha estado contaminada por una guerra sin cuartel y sucia por momentos para acicatear las debilidades del contrario. En la lista se anotan el escándalo incendiario de la Corte Suprema y los vínculos del candidato opositor y un cortesano relevante, Alexandre de Moraes, muy cercano al gobierno de Lula, con el gigantesco fraude de 11 mil millones de dólares del banco Master generado por un play boy y banquero Daniel Vorcaro ahora preso. La versión local del Jeffrey Epstein norteamericano, según la mirada aguda de algunos periodistas.

Este individuo se vinculó con casi toda la estructura política y jurídica del país, con fiestas “privadas”, negocios opacos, y tráfico de influencias. La corona de ese duelo sin cuartel, fue la versión forzada de que Bolsonaro retiraría el patronazgo católico de país de la Virgen de la Aparecida en favor de su versión muy conservadora del culto evangélico.

Ese ruido desbarató este último jueves un necesario debate en la rede Globo que iba a presentar a ambos rivales, junto con los otros candidatos menores antes de la primera vuelta. Lula decidió no concurrir para preservarse convencido de que había logrado algún crecimiento. Bolsonaro desistió luego cuando supo que la justicia no permitiría que el canal exhiba la silla vacía de Lula en el foro (sic) y también más calladamente, porque entre los presentes estaría Renan Santos, un ultraderechista libertario, que tendría al candidato como blanco de sus cañones.

Enre tanto se supo que la esposa de Jair Bolsonaro se candidateó para una banca en el Senado Michelle Bolsonaro aspira a un escaño en el Senado por el Distrito Federal, donde se encuentra Brasilia. La mujer de 44 años, ferviente evangélica, nunca ha ocupado un cargo público.

En junio protagonizó un conflicto público con el senador Flávio Bolsonaro —su hijastro— a quien acusó de faltarle el respeto en extensos videos publicados en sus redes sociales. Posteriormente dijeron que se se reconciliaron. Ella ha calificado su candidatura como “una misión” encomendada por su esposo, quien cumple una condena de 27 años bajo arresto domiciliario tras haber sido hallado culpable de intento de golpe de Estado.

Cerca de un millón de brasileños votaron en el exterior, una cifra récord según el análisis de especialistas.

Fuente: Clarín