Carlitos Paez, «Dejamos de vivir, para empezar a sobrevivir»
En este viaje que reunió a sus dos hijos y nietos, era algo que tenía pendiente, es un agradecimiento a la vida.
A 45 años de la tragedia que unió a tres países, para buscar a un grupo de jóvenes uruguayos que se dirigían a jugar un torneo de rugby en Chile y su avión se estrelló en la Cordillera de Lo Andes, pero del lado argentino.
El viaje debía durar solo unas 4 horas desde Uruguay a Chile. Lo hicieron en un avión de la Armada Uruguaya, les salió 38U$S y debían juntar si o si 45 pasajeros, es por eso que también viajaban familiares y amigos de los chicos.

Por una decisión del piloto, descendieron en el aeropuerto de Mendoza y continuaron su viaje al otro día, un viernes 13 de 1972. «Nuestra historia comenzó en Mendoza, ahí fue nuestro último contacto con la civilización».
Todo iba bien, hasta que de golpe el avión entro en un pozo de aire y descendió 600 metros a 400 kilómetros. «Siempre estuve consciente, en esos micro segundos tuve tres pensamientos, uno de esos fue rezar el `ave maría`, para así si lo peor pasaba, estaba con las cuentas arregladas con Dios y la Virgen María».

Eran todos muy chicos, de ese choque vivieron 26 personas. A los dos días sobre ellos pasaron dos aviones de búsqueda y comenzó la espera más larga. «Fueron 10 días esperando que nos vengan a buscar, cada vez se hacia mas eterno».
Habían 3 chicos que estaban estudiando medicina, así que se encargaron de ayudar y curar a los que estábamos ahí, otro estudiaba ingeniería, por lo que hizo una antena y lograron escuchar una radio chilena. Todos hacían algo para ayudar, «Imagínate un chico, que tenía padres divorciados, niñera y le llevaban el desayuno a la cama, no sabia hacer nada».

«Cada uno tiene su propia cordillera».
En el día 10, le comunican «Carlitos tenemos buenas noticias. Nos han dejado de buscar, vamos a dejar de vivir, para empezar a sobrevivir», no entendía como podía ser una buena noticia, pero luego comprendió que iban a dejar de esperar que el mundo los busque, para ellos buscar el mundo.
Al día 29, escucharon como si una tropilla de caballos descendiera por la montaña, pero no, era una avalancha que los dejó bajo la nieve por 3 días y dejando vivos solo a 19 personas.
Los días y noches pasaron, hasta que Canessa, Parrado y Vizintín, salieron a caminar en busca de civilización, pero al ver que detrás de esa gran montaña había más nieve y montaña, Vizintín regresa y comunica que Canessa y Parrado seguirían viaje en busca de ayuda.

«Todos tenían algo que los caracterizaba, yo por mi lado era positivo, le ponía buena onda y sentido del humor al grupo, pero de lo que más me enorgullezco es de haber hecho una bolsa de dormir, hecha con una aislante del aire acondicionado, para los que salían en la expedición de búsqueda de civilización».
Al día 70, escuchan por radio que Canessa y Parrado habían llegado a Chile, y que junto al grupo de rescate salían a su búsqueda, entre lágrimas y abrazos esperaban la llegada de los helicópteros, que se hizo eterna. «Me afeite, peine con gomina y armé mi valija, que era un pantalón y 3 cinturones de seguridad del avión para ponérselos a mi auto», recuerda.

«Valió la pena nuestra historia, para que triunfe la vida».
Esta historia trata sobre la superación, el instinto de supervivencia, solidaridad, amistad, el rotundo cambio de vida, el trabajo en equipo, la fe y el valor.

«Empieza por hacer lo necesario, luego lo que es posible y terminaras haciendo lo imposible»
Por Magali Esposito/ ELSANRAFAELINO.COM

