Afuera Brasil, eliminado por el Noruega de Haaland
El Androide convirtió un doblete con el que los Vikingos se impusieron 2-1. Neymar marcó el descuento del Skratch.
¿Se acuerdan del Brasil al que le gustaba tener la pelota? ¿Ese que hacía un culto a su buen pie? ¿El de la sociedades fantasistas? ¿El del fútbol total como religión? La modernidad se llevó puesto todo eso y este Scracht juega, gana y pierde con otra fórmula. O acaso alguien se imaginaba que Noruega podía duplicarlo a la hora de ver los porcentajes de posesión. O acaso alguien imaginaba a los noruegos tocando para un lado y para el otro yendo a buscar más aunque el 2-0 estuviera asegurado. O acaso alguien creía que Haaland era sólo potencia. Cachetazo a la historia en New Jersey . Un 2-1 que mandó a la Canarinha a Río de Janeiro sin escalas y demasiado pronto.
Ancelotti apostó, y es indiscutible, a una verticalidad que tiene el plus llamado Vinicius. Espera y acelera a mil por hora.
Los noruegos se hicieron cargo del rol quizá inesperado en otros tiempos. Odegaard y Berg aceptaron la invitación y se hicieron dueños de la bocha. Nusa y Sorloth. por los extremos, eran los que rompían líneas mientras Haaland era sólo una amenaza (pasó media hora sin tocarla).
Tan abiertos estaban los noruegos, que ante el primer error, Brasil lastimó. Cunha aceleró y Wolfe se lo llevó puesto. Menos el árbitro, los 70 mil en el MetLife vieron el penal que finalmente otorgó el VAR. Y ahí nacería una de las figuras de la cancha: el arquero Nyland. Habrá que revisar la estadística, pero jugador que se frena y repiquetea antes de patear, si no se llama Neymar, parece errar más seguido. Guimaraes lo confirmó.
A los noruegos les dio más impulso. En lugar de remar, le metieron motor al medio y Alisson empezó a sufrir. Los mismos desajustes defensivos que sufrió con Marruecos, se repitieron. Haaland desparramó a Santos y Marquinhos en un pelotazo y Odegaard tuvo el gol en su zurda, pero era un día de arqueros brillantes.
Cambios por acá, cambios por allá y ambos equipos bajaron un cambio en el inicio del segundo tiempo. El calor también jugaba su partido y los errores no forzados tenían que aparecer.
Vini inventaba un mano a mano para Endrick y se lucía Nyland. Rayan también lo probaba y no había caso. Schjelderup tenía el suyo y Alisson decía acá estoy. El ingreso de Neymar era una promesa de más pausa y creación. Promesa.
Irrespetuosos de pies a cabezas, a los noruegos les importó nada la camiseta del pentacampeón. Siguieron igual, buscando especialmente por el sector del flojo Danilo hasta que llegó el centro para esa topadora que se llevó puesto a Carleto, Zico, Ronaldo, Dunga, Ronaldinho y Pelé juntos.
El golpe fue letal. La reacción podía llegar sólo de los pies de Vini que intentó lo que ya no podía conseguir. Porque la suerte no les daría un guiño y Nyland taparía hasta las que le tiraron sus compañeros. El premio para Noruega fue seguir intentando, no refugiarse, tocar y tocar. Como marca la historia de… Brasil. Entre tanta posesión, ese animal pura potencia mostró que también sabe cuándo y cómo hacer otra cosa que no sea cabecear y con un zurdazo bajo y a mil por hora, le metió la piña de nocaut que faltaba. El penal sumó para la estadística de Neymar, pero la victoria fue muy justa, histórica y ejemplificante: el precio por abandonar tu ADN a los brasileños les costó el Mundial.
Fuente: Olé




