Boca se lo dio vuelta a Racing con tres goles de Valencia
Con tres cabezazos del ecuatoriano, el Xeneize pasó del 0-2 al 3-2 y es semifinalista de la Copa Argentina: jugará ante Banfield.
Tan Boca que parece a la medida de cada uno de los casi 30 mil hinchas que llegaron hasta Rosario ilusionados con el momento del equipo y con la chance de vivir un clásico de los grandes. Tan Boca que fue todo de Boca, de comienzo a fin, desde la impotencia para traspasar la muralla de Racing en los primeros minutos, a los errores propios que lo dejaron al borde del nocaut en el inicio del segundo tiempo y con la épica remontada final, paciente y trabajada hasta el agónico 3-2 que se lo cargó -solito- la estrella de la tarde, el enorme Enner Valencia.
Explicar mucho más el desenlace de este partido que quedará en el recuerdo de los Boca-Racing es redundante, pero vale la pena. Porque hubo una diferencia que esta vez surtió efecto y estuvo en el banco de suplentes xeneize. El primer nombre propio, está claro, es el ecuatoriano que pagó su llegada al club en la media hora que jugó. Pero el valor que tendrán en contexto las decisiones del Vasco Arruabarrena es lo que realmente debe prevalecer en cuanto a lo que viene para el Xeneize, que es mucho y con muchas necesidades en cuanto a jugadores.
Claro, las decisiones refieren a los cambios, que le dieron a su equipo la inyección justa cuando ya soñar con llevarse algo del Gigante de Arroyito era poco menos que una quimera. Porque Villa, y hasta el chileno Palacios, fueron el salto de calidad cuando no había piernas del otro lado y propiciaron (junto al siempre presente y líder desde su lugar Leandro Paredes, a los pistones que tiene en los laterales y algunos otros puntos parejos aún en la derrota parcial), que el vuelco en el resultado sea posible.
Antes, el partido había empezado con un Boca -quedó dicho- dueño pero impotente. Tal vez el atenuante del viento en contra provocaba que Paredes no rompa líneas tan seguido, porque sí había imprevisibilidad de dónde se frenaría la pelota. Y ahí sí sacó ventaja Vojvoda, quien supo acomodar el medio (virtuoso en el trío Ortegoza, Pérez, Lodico) para que esa salida prolija derive más en Di Lollo o Herrera que en su capitán. Y así Boca empezó a retroceder con pelota y a darle la chance a su rival de que esté al acecho.
A los 18 minutos, Racing tuvo un córner, que Lodico aprovechó para (entre su pegada, el viento y el deja vú que habrá tenido Leandro Brey cuando vio a la pelota sobrevolarle el arco) clavar un gol olímpico y poner el 1 a 0 que sorprendió a todos, incluso a los hinchas de Racing que deliraron y salieron de la sensación de inferioridad futbolística con la que llegaron al Gigante de Arroyito.
A partir de ahí, Boca ya no necesitó salir de tan atrás porque Racing ya se refugió. Y las llegadas que tuvo fueron después del pase número ocho o nueve o más, al menos en las contadas veces en las que pudo poner en aprietos a Cambeses. La cosa, para peor, se complicó tras el entretiempo, cuando en un mal retroceso hasta Brey se vio sorprendido por un remate de Conechny que terminó en el córner. Y de ese centro, el otro Martínez (Mateo) se la bajó a Maravilla para que rompa el arco rival y ponga el 2-0 cuando no se habían jugado ni dos minutos de la etapa final.
Boca parecía perdido. Parecía revivir viejos (o no tan viejos) fantasmas. Parecía destinado a remar desde atrás y con la carga emocional en contra lo que le quedaba en competencia, que tampoco es poco, sin ya esta Copa Argentina que tan peligrosa suele ser. Sin embargo, llegó el primer centro y el fusilamiento de Enner para el gol de la esperanza. Faltaba más de un cuarto de hora y ya todo era posible, porque siempre dependió de Boca. Y Racing sintió el golpe, y sus cambios empeoraron al equipo. Y Boca fue.
Entonces llegó el empate, esta vez por centro de Villa y todavía con tiempo para más. Aunque ya no quedaba más tiempo en el momento en que salió la última bola de la ya entrada noche. Pero Boca creyó, y construyó. Y ahí le cayó a Palacios (para que se vea el abanico de variantes en los asistentes de los goles), que fue el tercero en encontrar a Valencia, en modo estrella mundial, el cartel con el que llegó al club y del que muchos se mofaban como si fuese estricta cosa del pasado. Y Valencia ganó otra vez y quebró la resistencia de Cambeses y de todo Racing. Fue el 3 a 2 y final. Y estuvo bien, porque fue un día muy de Boca. Tan de Boca que terminó con invasión de cancha como si se tratara de un título.
Fuente: Olé




