El avance de la ultraderecha en Alemania sacude la escena política en Italia

Las elecciones alemanas del domingo pasado, en las que el partido neonazi Alternativa para Alemania logró entrar al Parlamento, encienden las alarmas en todos los partidos italianos.

Las ondas sísmicas del terremoto causado por los resultados de las elecciones alemanas del domingo 24 están provocando serios temblores desestabilizadores en Italia, que repercuten a su vez sobre la Unión Europea, ya en crisis por la perspectiva de una Alemania que vuelve a posiciones financieras muy rígidas. La magra victoria con sabor a derrota, por sus vistosas pérdidas, deAngela Merkel y la centrista cristiana CDU y su aliada bávara la conservadora CDS; el triunfo de los liberales probablemente convocados a gobernar, que prometen una campaña de rigor y austeridad contra los “países más endeudados” del sur, léase Italia con un déficit del 130%; la humillación electoral de los socialdemócratas de la SPD de Martín Schulz, y el “boom” inesperado por sus dimensiones de la extrema derecha empapada de neonazismo de Alternativa por Alemania (AFD), han caído como una bombardeo norcoreano entre todos los partidos italianos.

“¡Primero los italianos!”, es el grito que se difunde desde las periferias más pobres de las ciudades, y los olvidados por los gobiernos y los partidos populares, dominados por la cultura de la globalización, han encontrado el liderazgo de la extrema derecha en la explosión creciente de su enojo contra el abandono. En Roma, Roberto Fiore, líder de Fuerza Nueva, explicó que ya en seis barrios de la periferia, “tenemos la hegemonía”. La rabia de los excluídos cada vez más va explotando contra los refugiados y sus derechos. Hace tres días hubo una batalla campal a piedrazos y barricadas de los vecinos de Guidonia, al sur de Roma, contra un campamento de gitanos Rom. Otros vecinos gritaron odiosos lemas racistas contra una familia italo-eritrea que debía ocupar un apartamento popular. También CasaPound, el otro grupo de tintes neofascistas, conoce un momento super, como ocurrió en Alemania y se vio en las elecciones del domingo 24 con el extremismo filonazi.

Visto en su dimensión nacional y europea, el cuadro geopolítico está más en movimiento que nunca. Los políticos del gobierno y la oposición comentan en voz baja una frase que habría dicho a un amigo el presidente francés Emmanuel Macron: “si un liberal será el comisario de finanzas de la Unión Europea, soy un hombre muerto”. Macron y su programa representan para los italianos la alternativa para aferrarse a la “flexibilidad” que Italia necesita a fin de mantener sus expectativas de crecer al 1,5% anual entre este año y 2019, tras muchos años de crisis que, en la última década, hicieron aumentar la pobreza un 140%.

El panorama luce deprimente cuando ya la lucha política se combate también en innumerables procesos judiciales por corrupción, una epidemia que sofoca a los partidos y gobernantes, dotados de pocos o nulos líderes capaces de imaginar los cambios en concreto que el país necesita con urgencia.

En las tiendas del gobierno controlado por el decadente Partido Democrático, una alianza entre ex comunistas y ex democristianos, los sondeos muestran una creciente reducción del consenso popular en torno al 26%. El líder Matteo Renzi tiene por luz inspiradora al ex presidente norteamericano Barack Obama y por punto de referencia al presidente francés Macron. Renzi es de origen democristiano: el PD es hoy un partido mucho más centrista y su ala izquierda se ha visto desangrada por varias escisiones. Todas ellas más se pelean que se unen y cuentan con un dato de sondeos muy bajo. El fantasma de un desastre electoral como el de la socialdemocracia alemana o los socialistas franceses y españoles, está ahi delante. Matteo Renzi quiere que las elecciones generales se hagan en marzo próximo, la hora de la verdad.

De esas urnas pueden surgir más o menos mal casi todos en medio de la vorágine desestabilizadora que han causado las elecciones alemanas. Si debe abrazarse a la derecha, Renzi prefiere al eterno Silvio Berlusconi, que acaba de cumplir 81 años. Los resultados no darán un ganador destinado al poder, por el embrollo de la ley electoral. Habrá que formar coaliciones anchas, capaces de diluir las audacias. Pero de afuera se harán sentir las protestas, guiadas por la extrema derecha.

Berlusconi está contento: vuelve al centro del escenarioporque en el Partido Popular Europeo (los cristiano sociales), primer partido europeo, lo consideran el salvador tras la mediana ruina de los resultados europeos y el crecimiento de la extrema derecha. El francés Joseph Daul, líder del PPE, fue a verlo y le pidió que encabece la lucha para “contener a los populistas”.

El mandato significa: impedir que la alianza de las derechas en Italia sea liderada por Matteo Salvini, de la Liga Norte, pasado con todo a las trincheras ultras, que ama a la vez Donald Trump,la francesa Marine Le Pen y Alternativa para Alemania, metiendo en la misma ensalada indigesta al presidente ruso Vladimir Putin.

Salvini responde que “las urnas dirán quién será el líder” y espera que la rabia de los excluídos del banquete de la globalización le haga dar un gran salto adelante con respecto al 14% que ha registrado. Son los seguidores del cómico Beppe Grillo, líder del Movimiento 5 Estrellas, los que se consideran el verdadero “dique contra los extremismos”. Su estrella electoral brilla un poco menos que antes y hay muchas divisiones internas pero millones de italianos creen que ellos representan lo nuevo con honestidad. Son el primer partido del país y hasta han elegido ya su candidato a primer ministro, el joven parlamentario Luigi Di Maio y no quieren aliarse con nadie, llegar solos al poder.

Fuente: Clarín

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