El consumo en los súper de Mendoza cayó más de 15% en los últimos tres años y los salarios muestran señales de deterioro
El desempeño de las grandes cadenas y la evolución de los ingresos laborales confirman un panorama de estancamiento en la provincia. Cuáles fueron los rubros más afectados.
Los indicadores de consumo masivo y de ingresos laborales de Mendoza muestran una situación delicada para la provincia. Los datos oficiales sobre las ventas en supermercados y sobre la evolución de los salarios registrados permiten reconstruir un cuadro de situación que, lejos de mostrar señales de recuperación sostenida, exhibe una fotografía de estancamiento, con matices según la metodología que se utilice para medirlo.
El comportamiento de las grandes cadenas de supermercados funciona como un termómetro habitual de la actividad económica, en la medida en que refleja de manera directa las decisiones de compra de los hogares. En ese sentido, los datos correspondientes a los primeros cinco meses de 2026 confirman que la reactivación esperada no llegó, al menos no en la magnitud necesaria para revertir el deterioro acumulado desde 2023.
En paralelo, el análisis de los ingresos laborales deja muchas dudas sobre la recuperación del poder adquisitivo. Según el método de medición que se aplique para descontar el efecto de la inflación, el poder de compra de los trabajadores registrados de la provincia muestra una leve mejora o, por el contrario, una caída pronunciada. Esa diferencia no es menor, porque de un resultado a otro cambia por completo la lectura sobre cómo llegan los mendocinos a paga los productos de la canasta básica.
El consumo en baja
Un informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA) sobre consumo e ingresos en la provincia de Mendoza, elaborado con datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) y del Observatorio de Empleo y Dinámica Empresarial (OEDE), permite dimensionar la magnitud de la contracción. Las ventas en supermercados de Mendoza, acumuladas a mayo de 2026, muestran una caída de 3,5% contra el mismo período de 2025, de 15,7% respecto de 2023 y de 14,3% frente a 2022. Dicho una manera más simple, el consumo se desplomó, al menos en las grandes cadenas.
En pesos de mayo de 2026, la merma implica una facturación de $112.164 millones menos en el acumulado enero-mayo de este año respecto de igual tramo de 2023.
El deterioro no se limita a la comparación interanual más reciente. Según el estudio, en mayo de 2026 el promedio anual móvil de las ventas en supermercados registró un retroceso mensual de 0,4%. Al mirar la serie con estacionalidad, la caída interanual llega a 1,2% respecto de mayo de 2025 y a 10,9% por debajo del nivel de mayo de 2023. En términos de facturación, esto significa que en mayo de 2026 el consumo cayó $1.431 millones respecto de mayo de 2025, y $14.475 millones respecto de mayo de 2023, siempre a precios de mayo de 2026.
Qué pasa con cada rubro
El comportamiento no es uniforme entre los distintos grupos de artículos. Según el estudio, dentro del rubro alimentos los productos de almacén cayeron 25,4% en los primeros cinco meses de este año, respecto al 2023. Las carnes se encuentran 22,6% por debajo de los niveles de 2023. Los lácteos, en cambio, superan levemente los valores de 2023, con una suba de 3,0%.
En contraste, el rubro de verdulería y frutería exhibe una suba de 27,0% frente a 2023, mientras que panadería mejoró un 12,4%, siempre en comparación al 2023. De esta manera, ambos rubros se consolidan como las opciones de compra más accesibles dentro de la canasta de alimentos.
Fuera del segmento alimenticio, indumentaria supera ampliamente los valores de 2023, con una suba de 52,7%, en un contexto que el informe atribuye al efecto de la apertura importadora. Electrónicos y artículos para el hogar, en cambio, siguen 14,1% por debajo de los niveles de 2023, lo que evidencia que el deterioro acumulado en ese rubro todavía no logra revertirse.
Salarios: dos mediciones, dos resultados
El otro eje del informe aborda la evolución de los ingresos laborales, un factor que explica en buena medida el comportamiento del consumo. De acuerdo con el análisis, entre noviembre de 2023 y septiembre de 2024 los trabajadores registrados de la provincia perdieron 6,9% de su poder adquisitivo, medido a partir del promedio móvil anual de los salarios reales deflactados por el Índice de Precios al Consumidor (IPC) oficial del Indec. Entre fines de 2024 y comienzos de 2025 se observó una recuperación parcial, al punto que, en marzo de 2026, último dato disponible, los ingresos se ubicaban 2,2% por encima del nivel de noviembre de 2023.
Ahora bien, ese resultado cambia de manera sustancial cuando se aplica una metodología de medición distinta. Si el mismo ejercicio se realiza con la serie de inflación actualizada según la canasta de la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares (ENGHo) 2017-2018, los salarios no muestran recuperación alguna y en marzo de 2026 se ubican todavía 7,6% por debajo de noviembre de 2023.
La diferencia entre ambas mediciones no es un detalle técnico menor. La canasta ENGHo 2017-2018 es la misma que estaba prevista para reemplazar a la actualmente vigente, elaborada en base a la encuesta de 2004-2005, en el cálculo del IPC que difunde el Indec. Ese cambio metodológico había sido anunciado por el organismo estadístico, pero finalmente se postergó, en un proceso que coincidió con la renuncia del entonces director del Indec, Marco Lavagna. Como resultado, el IPC que se utiliza en la actualidad para medir la inflación oficial sigue basado en la canasta más antigua, mientras que la actualizada, que arroja una suba de precios mayor y por lo tanto una caída más pronunciada del poder adquisitivo, quedó relegada a mediciones alternativas como la que utiliza este informe.
La correlación con las ventas
Este punto resulta relevante porque, según el estudio, “se observa una correlación muy fuerte entre las ventas en supermercados con los salarios deflactados por IPC con la ENGHo 17/18, pero no sucede lo mismo con el IPC vigente actualmente“. Desde noviembre de 2023, las ventas en supermercados cayeron de manera sostenida hasta septiembre de 2024 y, a marzo de 2026, se mantienen 14,6% por debajo del nivel de noviembre de 2023, una trayectoria que se asemeja mucho más a la de los salarios medidos con la canasta ENGHo que a la de los salarios medidos con el IPC oficial.
De hecho, cuando se traduce esa pérdida de poder adquisitivo a valores concretos, la brecha entre ambas metodologías se amplía todavía más. Entre noviembre de 2023 y marzo de 2026, cada trabajador registrado de la provincia de Mendoza perdió, a precios de marzo de 2026, aproximadamente $930.637 si se calcula con el IPC vigente del Indec, y $4.112.466 si se calcula con el IPC ENGHo 17/18.
El impacto en la masa salarial
La diferencia también se traslada a escala agregada. Considerando los 238.480 trabajadores registrados en el sector privado de Mendoza en marzo de 2026, la pérdida de masa salarial, es decir la suma de ingresos que dejaron de percibir en conjunto todos los trabajadores registrados del sector privado de la provincia, equivale a $221.938 millones si se toma el IPC vigente del Indec, y a $980.741 millones si se toma el IPC ENGHo 17/18.
La brecha entre ambas mediciones, del orden de los $758.803 millones, condiciona de manera directa la interpretación sobre la situación de los ingresos en la provincia. Mientras una lectura sugiere una recomposición moderada del poder adquisitivo desde noviembre de 2023, la otra describe un deterioro que todavía no fue revertido y que guarda mayor sintonía con la caída sostenida que exhiben las ventas en los supermercados mendocinos.
La variación de las ventas en supermercados desde noviembre de 2023 a marzo de 2026, medida a precios de marzo de 2026, acumula una caída de $401.850 millones, un monto que resume la magnitud de la contracción del consumo masivo en la provincia a lo largo de ese período.
Fuente: Elsol

