El «orden de la calle», la base de la campaña nacional de Cornejo
A nivel nacional crece el debate sobre quién «gobierna la calle», tras los incidentes en el Congreso y los piquetes recurrentes. Con picardía política, Cornejo saca pecho y muestra el Código de Faltas como un logro y también como el que llevó «orden» en Mendoza. El mensaje tiene como principales destinatarios a sus competidores internos de Cambiemos.
Alfredo Cornejo tiene trayectoria académica, pero a diferencia de muchos de sus colegas politólogos no es un teórico y buena parte de la formación para la gestión la adquirió en el barro. De la Universidad tomó la obsesión por el “orden administrativo”. Y de la calle la picardía política.
Por eso, por ejemplo, cuando era intendente de Godoy Cruz no ejecutaba obras al azar. Hay una anécdota visual que define el concepto. Cuando era intendente de Godoy Cruz, Alfredo Cornejo elegía dónde ejecutar obras para potenciar contrastes y no solamente para que las vieran y disfrutaran los vecinos de su departamento. Por eso en todas las zonas que limitaban con Luján, la inversión se potenciaba. Al punto de llegar al ridículo caso de la “media rotonda”: en el Corredor del Oeste los empleados de Godoy Cruz estaban obligados a regar solamente la mitad. La mitad de Godoy Cruz estaba verde y con flores, la mitad de Luján seca y amarilla.
La picardía y la política de contrastes son más sofisticadas ahora para Conejo, pero también más profunda. Y es la plataforma para construir la imagen a nivel nacional del Gobernador de Mendoza. Lo hizo primero con el ajuste, el achicamiento del Estado, el dominio de los estatales (esta semana remarcó que redujo en 6 mil la planta de personal) y ahora con el “control de la calle”. Mientras la Ciudad de Buenos Aires es noticia por el caos agitado y las repercusiones de las protestas sociales, en Mendoza se aplica un nuevo Código de Faltas que le pone letra a una impronta que Cornejo ha aplicado de hecho antes y con alguna discrecionalidad. No es casual que haya sindicalistas imputados y hasta condenados por «salirse de los márgenes de la ley» en las protestas y también personas judicializadas por por protestas contra otros temas, como el fracking.
A nivel nacional no se discute tanto la alta política como sí quién gobierna la calle. Y allí Cornejo saca pecho y es uno de los ejes de cualquier entrevista en medios nacionales. De hecho, el Gobernador ya usa a las pantallas de Buenos Aires como eje de sus estrategias y este domingo será parte del programa Periodismo Para Todos, donde Cornejo y su Código Contravencional serán los ejes. “Acá sí se consigue”, sería la impronta no escrita de la construcción del discurso de la campaña “Cornejo for export”.La virtud de Cornejo es que, pragmático y pícaro como es, supo leer antes esa demanda epidérmica de la clase media, la que gobierna con sus improntas. Cuando asumió, el Gobernador dio un enfático discurso sobre el “gobierno de la calle”; haciendo foco en la necesidad de transitar sin obstáculos.
No eran palabras improvisadas. Sabía que debía recuperar la autoridad de la figura del Gobernador y que para avanzar debía pisar fuerte ante algunos grupos de presión; particularmente los gremios. La segunda lectura acertada del Gobernador allí fue sobre los problemas de legitimidad de los gremios estatales y sus dirigentes. Tanto, que logró que esa tensión ocultara los motivos de los reclamos y que la discusión fuera siempre por el modo y los protagonistas. Sabía que Raquel Blas, Roberto Macho y gran parte del SUTE también tenían la representación legal, pero habían perdido legitimidad en la población. Aprovechó el desgaste y lo capitalizó.
El éxito que Cornejo dice tener en el “gobierno de la calle” es un hito que juega más en la interna de Cambiemos que hacia afuera. Y allí aparece la política de contrastes con sus competidores Horacio Rodríguez Larreta y María Eugenia Vidal. El contraste que busca Cornejo es sobre la eficacia lograda en cada uno de los tres distritos gobernados por el oficialismo. Como ocurría con Luján y las rotondas verdes y amarillas, Cornejo destaca y busca mostrar que mientras en Mendoza se puede circular y se sanciona a los gremios que cortan la calle, su colega Larreta no puede controlar una manifestación y los cortes de calles se anuncian como el pronóstico del tiempo. Lo mismo en la Provincia de Buenos Aires, donde llevan más de 20 días de paro y en tres años no lograron quebrar al gremio docente, mientras en Mendoza con el ítem aula bajaron a cero el efecto de las medidas de fuerza.
Claro que escapan de ese análisis superficial los contextos: no es lo mismo imponerse ante los alicaídos gremios estatales de Mendoza, que ante la cúpula sindical, los partidos de izquierda, los grupos de choque y otros sectores de poder que aunque busquen mostrarse disruptivos responden a la misma impronta unitaria que se impone en Argentina: todo pasa por Buenos Aires. El otro dato clave está en la idiosincrasia local: Mendoza no es piquetera, le repele a las protestas fuera de las normas. Ese también fue otro acierto de lectura de Cornejo, el «gobernador de la calle».
La construcción política que Cornejo hace a nivel nacional no tendrá resultados ni riesgos inmediatos. Salvo que el protagonista cambie, pues no es de arriesgar más de la cuenta. Si algo es seguro, es que pisa sobre terreno sólido, o no avanza. También es real que sus estrategias son a largo plazo. Para ser Gobernador comenzó a sembrar el camino en 2007 cuando fue electo por primera vez para un cargo ejecutivo. Por entonces subestimaba el rol de un intendente. Pero se dio cuenta que la gestión era la principal herramienta para construir poder real. Y desde 2011 aceleró. La aventura nacional es sobre un terreno menos conocido y, sobre todo, mucho menos manejable. Por eso no habrá riesgos descontrolados. Ya tiene la experiencia de dos mendocinos que iniciaron ese camino y fracasaron. Como dijimos, Ernesto Sanz logró encantar con sus discursos al círculo rojo, pero nunca tuvo caudal político propio. Y Julio Cobos tuvo estrella, pero ninguna habilidad política para construir poder. Cornejo no tiene discursos que encanten, ni carisma que lo haga popular. Pero suma con la estrategia y, sobre todo, la picardía.
Fuente: Mdzol.com

