Experimento extremo: 15 personas encerradas 40 días en una cueva sin teléfono ni reloj

Un grupo de voluntarios se sometió al curioso experimento para evaluar la adaptación humana al aislamiento.

Durante gran parte de 2020 estuvimos encerrados en casa, muchos casi sin ver la luz del sol durante semanas. Tuvimos que adaptarnos a una nueva situación, pero pudimos sobrellevarlo; la mayoría tenía la suerte de contar con algún dispositivo que lo conectara con el mundo exterior. Sin embargo, ¿seríamos capaces de resistir un encierro un poco más extremo?

¿Podríamos resistir encerrados en una cueva sin luz natural ni nada que nos conecte con el resto del mundo? Esta es la premisa que siguió Deep Time Adaptation, una expedición científica que quiso llevar a cabo un peculiar experimento: medir los efectos que un confinamiento extremo tendría en nuestro cerebro.

Para el experimento se contaron con 15 voluntarios, siete hombres y ocho mujeres de 29 a 50 años y buen estado de salud, de diferentes áreas laborales y muchos sin experiencia con la espeleología; fueron liderados por el explorador franco-suizo Christian Clot, de 48 años. El desafío no fue para nada sencillo: debían permanecer 40 días encerrados en la cueva Lombrives, en pleno Pirineo francés.

Los 15 voluntarios se enfrentaron a un desafío extremo. Twitter/ChristianClot.

Los 15 voluntarios se enfrentaron a un desafío extremo. Twitter/ChristianClot.

Así lo hicieron el pasado 14 de marzo, donde iniciaron una aventura en la que vivirían sus días y noches sin luz natural y a una temperatura de unos 10 grados en un entorno con altísima humedad, sin conexiones con el exterior. La poca electricidad a la que tenían acceso debían generarla ellos con una bicicleta a pedales, y disponían de agua potable gracias a un pozo a 45 metros bajo tierra.

La caverna estaba dividida en varios espacios, uno de ellos dedicado a experimentos científicos y otro con una cocina, donde los 15 participantes se turnaban para cocinar. Durante las semanas que duró su particular confinamiento, no probaron alimentos frescos.

La cueva contaba con diferentes espacios, uno de ellos dedicado a trabajos de laboratorio. Twitter/ChristianClot.

La cueva contaba con diferentes espacios, uno de ellos dedicado a trabajos de laboratorio. Twitter/ChristianClot.

Desde unos laboratorios en Francia y Suiza se monitorizó todos los aspectos del experimento, especialmente las interacciones de los participantes con el paso de los días, sus reacciones e incluso sus patrones de sueño.

Todos ellos tuvieron que tomarse una cápsula previa a la entrada a la cueva que contenía un sensor que permitió medir su temperatura corporal y otros datos de tipo biológico.

La cueva también tenía espacio para una pequeña cocina. Twitter/ChristianClot.

La cueva también tenía espacio para una pequeña cocina. Twitter/ChristianClot.

Esta experiencia podría haber terminado con cualquiera, pero no con este grupo de valientes que, 40 días después, salió victorioso a la superficie. Ataviados con unas gafas negras especiales y sombreros para protegerse de la luz natural que llevaban más de un mes sin contemplar, terminaron con el experimento el pasado sábado.

Todos coinciden en que dentro de la cueva el tiempo pasó mucho más rápido de lo que parece. Twitter/ChristianClot.

Todos coinciden en que dentro de la cueva el tiempo pasó mucho más rápido de lo que parece. Twitter/ChristianClot.

Desde la cueva, situada en la localidad pirenaica de Ariège, apenas a unos kilómetros de la frontera con España, este grupo de científicos puede estar orgulloso de haber terminado con éxito el experimento.

“Todos estamos bien de salud y eso es lo más importante”, afirmaba Clot a la salida de la cueva, en declaraciones a los medios de comunicación allí congregados. Para el jefe de la misión, la mayoría de los participantes, despojados de cualquier referencia temporal como los relojes o la luz del día, pensaron que habían transcurrido 30 o 31 días durante su encierro en la caverna de Lombrives. Es más, según afirman, algunos de ellos incluso mostraron tristeza por terminar el proyecto.

«En nuestra cabeza, eran unos 30 días que habían pasado, así que nos llevamos una enorme sorpresa cuando vimos a los dos responsables para anunciarnos que la misión había acabado. Eso quiere decir que ha habido una diferencia del 25 % entre lo vivido por nosotros y por vosotros», aseguró Clot.

A través de aparatos de medición que portaban los participantes, «Deep Time Adaptation» busca saber cómo los cerebros y los cuerpos se sincronizan a un diferente entorno en el que cambian las nociones de espacio, de tiempo y de relaciones sociales.

Los resultados están todavía en fase de análisis. La áreas científicas que abarca este radical experimento van desde la cognición, a la psicología y psiquiatría pasando por la sociología. El experimento se produjo además cuando el interés por el impacto del aislamiento aumentó por los sucesivos confinamientos para luchar contra el coronavirus.

En la cueva realizaron todo tipo de actividades, sin dispositivos con conexión exterior. Twitter/ChristianClot.

En la cueva realizaron todo tipo de actividades, sin dispositivos con conexión exterior. Twitter/ChristianClot.

Tras su salida, todos los participantes fueron provistos de atención psicológica especializada, aunque Clot está convencido que este experimento sirvió  para ver que el ser humano evolucionará y que hay que “aprender a comprender mejor cómo nuestro cerebro es capaz de encontrar nuevas soluciones, sea cual sea la situación”.

Fuente: Clarín

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