Fotos, la carta de su padre y el relato de la mujer que vivió secuestrada 23 años en una habitación

Tenía 19 años cuando su pareja la encerró en un altillo y desde entonces vivió un calvario. Su padre, que falleció hace 13 años, le tiraba cartas que nunca llegaban a destino. Su familia llegó a pensar «que estaba en una secta», mientras ella se repetía: «De acá no salgo más».

Una mujer vivió un calvario dentro de una habitación en la que estuvo encerrada durante 23 años secuestrada por su pareja en un barrio de la ciudad santafesina de Rosario. El hecho generó una gran conmoción y ahora la mujer relató sus desgarradora historia dentro de esas cuatro paredes.

María Eugenia tenía 18 años cuando comenzó a salir con Oscar Alberto R., mecánico sobre el que en el juicio oral se pide una pena de 18 años de prisión. Con el correr del tiempo la mujer joven comenzó a advertir que el hombre era obsesivo y celoso, además que tenía armas y seguía los pasos de ella y toda su familia -la víctima vivía en ese momento con sus padres y su hermana-, según consignó el diario La Capital.

Un día de mayo de 1996, el agresor le recriminó a María Eugenia (quien a los 16 años tuvo un hijo llamado Facundo producto de un matrimonio anterior que concluyó rápido) una relación inexistente con un primo al que ya había amenazado. En ese momento, la tiró de los pelos y la golpeó ante la presencia de la madre, Susana, quien llamó a la policía y denunció al atacante.

Sin embargo, la pareja de su hija tenía vínculos con la comisaría 15º y una coima de 50 pesos arregló todo. «Lleváte la piba unos días a tu casa que yo te manejo todo”, prometió el policía sobornado.

rosario habitacion secuestro g_20210802
La pequeña habitación en la que fue encerada por su ex pareja durante 23 años. FOTO: Gentileza La Capital

En ese momento, el agresor llevó a la víctima a la habitación del horror, en Santiago 3558, en el barrio Cura, de Rosario. Le dijo que hasta que su madre no retirara la denuncia no la iba a dejar salir. Además, tapó las ventanas con diario y le sacó el picaporte a la puerta.

En medio del terror, Oscar le informaba a María Eugenia a modo de amenaza dónde estaba su hijo Facundo y a que escuela iba. Lo mismo hacía con el resto de los integrantes de su familia. También le hablaba de sus vínculos con jueces y policías.

La víctima fue violada, golpeada con puños, cintos y hasta cadenas debajo del agua, sufrió dos abortos, le cambiaron la identidad por la de Lucía Puccio y nunca la llevaron al médico, a excepción de un día que al intentar huir, se tiró a la calle y se rompió la cabeza.

Cómo logró escapar del cautiverio

Según relató al diario La Capital, María Eugenia manifestó: «Veía que las cosas eran cada vez más complicadas. Me ponía el arma en la cabeza y me decía que me iba a matar. Y que se iba a matar él. Él tenía la costumbre de barrer las hojas de la vereda. Pero tuvo que entrar al baño porque estaba descompuesto. Me doy cuenta de que no había puesto los candados, ahí el corazón me avisó que ese era el momento. Escuché que abrió la ducha y se metió a bañar, y golpeaba la máquina de afeitar contra la pileta. Entré despacio, agarré dinero, celular y salí. Me escondí detrás de un volquete porque pensaba que si un vecino me veía le podía avisar. Pero vino un taxi y logré llegar a una estación de servicios».

«Pensé, de acá no salgo más», dijo la víctima y agregó lo que le pasaba por la cabeza en esos primeros años: «Es el precio que tenía que pagar por todo lo que le había hecho, según él. Pero hasta hoy no entiendo qué hice. Era una forma de sacrificarme para que a los míos no les pasara nada. Estuve un año viviendo con un pijama».

En ese sentido, continuó: «Pienso que los vecinos sabían lo que vivía, pero por miedo a él nadie me brindó ayuda. Pensaba que si lograba saltar para la casa de un vecino, no me iban a recibir. Mis sentimientos eran esos».

Sobre su familia, comentó: «No me pudieron ayudar por el gran temor y una parte que no entendían. Ellos llegaron a pensar que estaba en una secta. No lograron entender lo que me pasaba. Y yo no tenía oportunidad de decirles lo que ocurría».

Su padre le mandó cartas que nunca llegaron a sus manos: el hombre murió cuando su hija aún estaba secuestrada

En medio de su cautiverio, su padre desconsolado le escribía cartas y se las tiraba en el patio de la casa, pero el perpetrador las escondía y María Eugenia nunca llegó a verlas. En medio de todo este secuestro, su padre murió y no se pudo reencontrar con su hija, quien ahora ve las cartas y se emociona.

«Pasaba y las tiraba en el jardín de la casa. Las pude encontrar mucho tiempo después. Encontré una caja grande de cartón, donde había papeles judiciales de Oscar, donde consta que estuvo varias veces preso, la denuncia de su primer mujer por agresiones, hasta con arma de fuego, el caso de una moto robada, otra denuncia de una mujer, a la que corrió en un campo con una carabina. Y encuentro una sola carta de mi papá, en un sobre chiquito que tenía por lo menos 15 años de escrita», relató.

Y siguió: «Al día de hoy para mí esa carta es desgarradora. Entre otras cosas me decía ‘hija por favor volvé, pensá en nosotros, vos sabés quiénes somos, ¿qué te pasa?. Yo no te di un ejemplo así, nunca te abandoné. Tu hijo llora, pensá que vas a hacer de tu vida’. Y a lo ultimo dice ‘te quiero, te voy a querer siempre, te extraño, papá. Si no me contestás yo sé que es porque no llegó a tus manos’.

«Mi papá sufrió una gran depresión. Falleció hace 13 años. Todavía siento que necesito ese último abrazo con mi viejo, pero es una de las cosas que no voy a conseguir nunca. Son los dolores de esta vida», expresó.

rosario habitacion secuestro carta g_20210802
Las cartas que su padre le mandaba a María Eugenia que nunca llegaron a sus manos. FOTO: Gentileza La Capital

Por otro lado, María Eugenia contó que se reencontró con su hijo cuando se escapó: «Cuando yo me escapé mi hermana lo llamó y le contó todo. Le preguntó si estaba dispuesto a brindarme ayuda, a verme. Sin dudarlo, él dijo que sí, me fue a buscar a la casa de mi tía, me llevó a la suya y me acompañó a hacer las denuncias. Cuando podemos nos encontramos. Formamos un vínculo de madre e hijo, hoy somos muy compañeros».

«Fue una gran alegría saber que lo criaron sabiendo que su mamá era su mamá. Se hizo un gran trabajo en familia. Valoro mucho a su papá por explicarle que él tenía una mamá, que no sabían por qué no estaba, pero que en algún momento iba a poder contarle todo», explicó.

«En un momento el dilema en mi cabeza era quién soy. No soy la que volvió, pero tampoco la que alguna vez se fue. Y no soy la que atravesó esos años encerrada. Terminé el secundario, conseguí trabajo, vendo pastafrolas y alfajores caseros. Estoy estudiando mandatario del automotor y me recibí de masajista terapéutica. Trato de hacer las cosas que se me postergaron todos estos años. Cada día que me levanto estoy agradecida de estar viva y de tener a mi familia», concluyó.

Oscar Alberto R., que actualmente tiene 60 años, está en acusado por «privación ilegítima de la libertad en concurso ideal con reducción a la servidumbre, en concurso real con abuso sexual con acceso carnal en el marco de la ley de violencia de género«, Piden 18 años de prisión.

Fuente: Perfil

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

El Sanrafaelino

Noticias de San Rafael Mendoza

El Sanrafaelino

Comunicate con la producción:
Tel./WhatsApp: +54 9 260 480-7320
Director: Fabián Segura
Puedes reportar una noticia, anunciar en nuestro sitio o bien para consultas generales.