Francia pasó a Marruecos sin despeinarse y espera a España o Bélgica

Francia pasó a Marruecos sin despeinarse y espera a España o Bélgica

El equipo de Didier Deschamps ganó 2 a 0 con goles de Mbappé, que luego salió lesionado, y Ousmane Dembélé. Muy buena tarea del referí argentino Facundo Tello, quien señaló un penal que luego falló Kylian.

Como si se tratara de un amistoso. Como si fuera un partido de preparación para un campeonato de barrio. Como si se estuviera jugando la última fecha de la zona de grupos y ya le sobrara puntos. Como si no fuera un cuartos de final de un Mundial. Como si Marruecos no tuviera el currículum que tiene. Francia ganó con autoridad y la comodidad que ni ellos mismos podían suponer. El candidato de la mayoría ya está en semifinales, Mbappé y compañía le hicieron precio con un 2-0 que no refleja las enormes diferencias que hubo en la cancha.

Francia no necesitó acelerar a lo Francia. Tomándose su tiempo, respetando a Marruecos como se debe, el control de pelota se daba naturalmente ante un equipo que, a diferencia de lo que hizo con Brasil, decidió defenderse más posicionalmente que con la pelota.

A veces, juntar a tantos cracks como Dembelé, Doué y Mbappé arriba los potencia tanto como los limita porque entran menos en contacto con la bocha. Los huecos aparecieron por errores propios de los africanos, pero Upamecano -que mide tres metros y decidieron no marcar- debe haber cabeceado con los ojos cerrados como para errar tan fiero.

No había olor a gol pero sí sensación de que la situación de Marruecos era endeble. Tanto que si el que se equivoca es Hakimi, las consecuencias son letales. O casi. Doué se la robó de puro pillo al capitán y el pase a Mbappé para que corriera y corriera tenía dos destinos: gol o penal porque lo bajaban. Y lo volteó a Mazraoui. Kylian, para no ser menos que Messi, le pegó tan mal como Leo contra Egipto y amagó arrancar otro partido. Uno que le permitiera a Marruecos respirar…

El tema es que con la lesión de Saibari decidieron no atacar. O al menos, no tener una referencia para que los centrales no estuvieran tan cómodos. Marruecos aguantaba bien, pero al no poder salir rápido con un pase a un punta, tardaban en romper la línea y cuando lo conseguían, los franceses ya habían recuperado posiciones.

El tiempo corría y no pasaba nada si no fuera porque los marroquíes no bajaban el porcentaje de error. Ounahi se la quiso pisar a Doué y le regaló una jugada de peligro que Bono, una vez más, sacó bien para afuera. No había nada mejor para Marruecos que se terminaran los primeros 45 y hasta lo cerraría con un bonus track: un tiro libre en la puerta del área que Hakimi le pegó de mal a muy mal.

Resiliente como los grandes, Mbappé se tomó unos minutos para salir de la zona de enojo por el penal errado y empezó a mostrarse por izquierda, por derecha, por el medio. Marruecos llevaba el juego a un ritmo que les convenía y el 10 francés desarmó a todos. Sin dar referencia de lugar, fue opción de pase una y otra vez. El problema marroquí de abandonar la chance de atacar seguía con el otro aún más grave: regalarse en la salida, el error casi no forzado. Y uno de esos, Rabiot encontró a su capitán que sin necesidad de tener recorrido, sin perder tiempo en perfilarse, sacó un derechazo con comba precioso.

El festejo de Kylian Mbappé (AP). El festejo de Kylian Mbappé (AP).

A los quince minutos se había terminado el primero de los cuartos de final. ¿Por qué? Porque en la hora que se había jugado no había ni una señal de aquel equipo que se metió en semifinales de Qatar, que ganó la Copa África. Estaba más cerca el quinto gol francés que la posibilidad de un empate. Los cambios desesperados liberaron espacios para que Dembelé, en su primer acierto, cerrara una contra con un derechazo al palo izquierdo de Bono. Un 2-0 que a los franceses les permitía proyectar sin miedos su viaje a Dallas para la semifinal. Tanto que Mbappé prefirió descansar los últimos quince sentado en el banco de suplentes.

Inevitablemente, Marruecos se fue adelante llevado más por la necesidad y el esfuerzo que por las ideas que había dejado en el vestuario. Cada contra de Francia era una posibilidad cierta más allá de las mil sacadas de Bono, cada centro marroquí era un manotazo de ahogado al que nunca le alcanzó para salir del fondo del mar. Los franceses sabían que no debían preocuparse porque el árbitro fuera argentino (dirigió muy bien Tello), uzbeko o de Mozambique. Tenían clarísimo que jugando como jugaron iban a estar entre los cuatro mejores del Mundial.

Fuente: Olé