Horas clave para determinar la vuelta a la fase 1 o seguir resistiendo

Horas clave para determinar la vuelta a la fase 1 o seguir resistiendo

Hay dos datos que pueden convencer al gobernador Suarez de retroceder al aislamiento: la ocupación de camas en terapia intensiva y el alto índice de positividad de los casos.

En lo que va del año, las ventas del comercio minorista se derrumbaron un 30 por ciento. Agosto les ha mostrado a los comerciantes un retroceso de casi el 18 por ciento más. Son datos de todo el país de la cámara madre nacional que los representa, la CAME. Los industriales vienen de aseverar la magnitud del impacto que les ha provocado la cuarentena: 6 de 10 industrias producen nada o menos del 50 por ciento comparado con el año anterior que ya, de por sí, había resultado ser un período pésimo dominado por la recesión y el freno a la actividad; y 6 de 10 empresas han registrado una disminución en sus ventas superior al 30 por ciento.

En Mendoza particularmente, quienes representan a los trabajadores del sector gastronómico y de turismo han advertido que, de continuar la pendiente hacia abajo, con la posibilidad de más restricciones en vez de comenzar a permitir que se comience con un reencendido de la actividad, alrededor de 10 mil personas estarán en problemas serios ante la destrucción total y absoluta de sus empleos. Ya lo han perdido alrededor de 4 mil, entre trabajadores formales e informales que se desempeñaban en los bares, restaurantes, carritos, hoteles, posadas, complejos de cabañas, emprendimientos turísticos y demás que ya se fundieron.

Ni qué hablar de lo que sucedería con aquellos rubros identificados con otras actividades económicas que comenzaron a tener un movimiento lento y muy reducido, pero con aperturas, al fin y al cabo, consideradas no esenciales y que podrían volver a ser prohibidas en un 100 por ciento ante un hipotético decreto que ordene una vuelta a una malquerida fase 1 de la cuarentena.

Cuando el lector lea estas líneas, posiblemente el gobernador Rodolfo Suarez ya haya dispuesto el retroceso a la fase más restrictiva de la cuarentena, aquella a la que la mayoría de los mendocinos no quiere volver, incluso el propio gobernador. El domingo circuló con mucha fuerza esa posibilidad, la que –se analizaba– sería anunciada por el mismo Suarez en conferencia de prensa para cerca del mediodía. Dos datos podrían convencer al gobierno del retroceso: el índice de positividad que está superando desde varios días el 50 por ciento sin que disminuya, y la ocupación de las camas críticas.

Salud estaba siguiendo con atención, también, y como una forma de hallar alguna luz de esperanza y alivio hacia delante la cantidad de pacientes recuperados, una de las variables a las que no se le ha sacado el ojo de encima. Pero, el desgaste del sistema con algunas clínicas y hospitales al borde del colapso hacían temer que pudiese ocurrir lo que ni siquiera imaginarlo permiten: que se pierda la vida de algún paciente sin contar con una atención en UTI. El estrés de todo el sistema, entonces, con el recurso humano extenuado y también al límite es lo que conduciría al gobierno a ordenar el mínimo de movimientos, con sólo las actividades esenciales en funcionamiento (las 24 conocidas de la primera fase) y no más del 10 por ciento de la población con permisos para circular.

Ahora bien, Suarez siempre fue reacio a mantener la fase 1 con la extensión y continuidad que le dio la Nación, por caso, al AMBA; también a la estrategia que abrazaron otras provincias. Siguió, en términos generales, el mismo rumbo que Córdoba, una provincia que, si bien cuenta con mucha más población que Mendoza, también sus recursos han sido superiores a los mendocinos, especialmente, en el campo del sistema sanitario, más robusto que el mendocino.

Suarez decidió apostar a una respuesta oficial que creía que le daría resultados mucho más positivos que los que tuvo, claro está. La cuarentena irregular, inteligente o con más flexibilizaciones también debió ser la respuesta obligada a una provincia que depende más del producido de su propia economía y actividad particular que de los recursos nacionales. Cuando frenó todo, hizo su aparición la magnitud de las consecuencias surgidas de un motor plantado. El punto es que los casos de contagios por COVID fueron creciendo casi en la misma proporción que lo hicieron en otras regiones que cerraron y pararon todo. Pero ese argumento no fue suficiente para Suarez en el enfrentamiento con la Nación, la que ha presionado para que Mendoza vuelva para atrás, repitiendo la consigna de que con menos movimiento y menos actividad habrá menos contagios, más camas disponibles y, más que nada, “un Estado que está cuidando”.

“Estamos jugando al ajedrez con la economía y con las vidas”, resumió ayer un intendente del Gran Mendoza que sigue de cerca, como todos, el avance de la pandemia en el minuto a minuto y las alternativas de Suarez para resistir o bien para ordenar la vuelta a la fase 1. Mientras todo esto está sucediendo, se analizaban con mucha atención las repercusiones y reacciones de la vuelta atrás dispuesta por el gobernador Omar Perotti, en Santa Fe, otra de las provincias que siguió una estrategia más o menos similar a Mendoza y Córdoba. El viernes a la noche, luego de que los santafesinos dieran cuenta del decreto firmado por su gobernador, decidieron salir a la calle y manifestarse en su contra en las ciudades más importantes de la provincia, como Rosario y Venado Tuerto. Las marchas continuaron durante todo el sábado de ciudadanos comunes, de comerciantes pequeños y medianos, y de ruralistas, que hicieron visible el cansancio y el hartazgo por los confinamientos. Además de que no aceptarán volver para atrás.

Un escenario como el santafesino es a lo que también se teme en Mendoza si es que se dispone el retroceso, una posibilidad que ayer estaba en discusión y que, con seguridad, continuará hoy.

 

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