Los mendocinos acumulan casi $29 mil millones de deuda en mora con los comercios
Para los especialistas la situación es grave y empieza a poner en riesgo la salud financiera del sector. Las causas detrás de los incumplimientos.
La dificultad de los mendocinos para hacer frente a sus deudas no es un problema nuevo, pero admite diferentes lecturas según el tipo de acreedor que se tome como referencia. En este sentido, llama particularmente la atención al alto nivel de morosidad que se registra en los compromisos de pago con las cadenas de comercio.
El Mapa de la Deuda del Centro de Estudios para la Ciudad muestra que la deuda en mora de los mendocinos con firmas como Cetrogar, Megatone y Frávega, entre otras, ya asciende a $28.998,21 millones. Ese monto forma parte de una deuda total que supera los $46.000 millones, lo que implica que casi dos tercios de lo adeudado se encuentra en situación de incumplimiento.
En total son 40.391 los mendocinos que mantienen algún compromiso con este tipo de comercios, y entre ellos, 17.013 están en mora. De acuerdo a la información oficial, cada uno de ellos tiene una deuda promedio de $1,70 millones.
Quiénes concentran la mora
Los datos oficiales muestran que la tasa de morosidad sobre los compromisos que los mendocinos tienen con los comercios es del 62,97%. Al desagregar por género, la brecha es marcada: la tasa de mora entre los hombres llega a 66,99%, mientras que entre las mujeres se ubica en 57,46%.
Por franja etaria, el problema golpea con más fuerza en el tramo de 36 a 45 años, donde la morosidad trepa a 70,29%, seguido de cerca por el segmento de 26 a 35 años. En el otro extremo, los mayores de 75 años presentan la tasa más baja, con 52,04%, aunque ese promedio esconde situaciones extremas: en Santa Rosa, ese mismo grupo etario llega a una mora alarmante de 90,33%.
Por qué la mora comercial triplica al promedio financiero
El extremadamente alto nivel de incumplimiento de pago de los compradores tiene algunas explicaciones claras. El economista y asesor del Gobierno de Mendoza, Sebastián Laza, apuntó al perfil de quienes recurren a este tipo de financiamiento. “La morosidad en las cadenas comerciales es mucho más alta porque suelen financiar a sectores con ingresos más ajustados y con menos acceso al crédito bancario”, explicó. Según su análisis, cuando el ingreso familiar no alcanza, “estas cuotas muchas veces quedan relegadas frente a gastos básicos como alimentos, servicios o alquiler”.
Nicolás Aroma, analista y director del Centro de Economía y Finanzas de Mendoza, coincidió en que el fenómeno se explica en gran parte por que el financiamiento de los comercios está fuera del circuito bancario formal. “En el sistema bancario en general hay más restricciones de acceso: es más difícil ingresar al crédito formal que en otros rubros. En las casas de electrodomésticos, en cambio, se piden menos requisitos y está la clásica garantía a sola firma”. Para Aroma, ese menor filtro inicial tiene un costo posterior: “Al haber un mayor riesgo de incobrabilidad, la morosidad se eleva, sumado a que la gente acude a estos comercios justamente cuando no puede acceder al banco”.
Daniel Garro, economista y director de Value International Group, puso el foco en las garantías de cobro con las que cuenta cada tipo de acreedor. “La morosidad en las casas de comercio suele ser más alta porque tienen menos herramientas para garantizarse el pago en comparación con un banco o incluso una fintech o billetera virtual”, sostuvo. Según su lectura, esa diferencia condiciona el orden en que los deudores eligen qué pagar primero: “Cuando una persona empieza a tener dificultades financieras, prioriza no pagar en aquellos lugares donde sabe que enfrentará menos complicaciones, al menos en el corto y mediano plazo”.
Los riesgos para las cadenas de comercio
Sobre el impacto que este nivel de mora puede tener en la salud financiera de los comercios, los tres economistas coincidieron en que el riesgo existe, aunque con matices sobre su alcance. Laza planteó que la situación es “preocupante, sobre todo para los más chicos”, ya que “las cadenas grandes tienen más espalda para refinanciar, absorber pérdidas o esperar una recuperación”. Además, advirtió que “cuando el atraso se sostiene en el tiempo empieza a afectar fuerte la rentabilidad y la capacidad de seguir vendiendo a crédito”.
Aroma fue más allá y ubicó el problema en un plano sistémico. “La tasa de interés y el costo de financiación en los comercios de electrodomésticos es mucho más gravosa, lo que asfixia aún más a quien toma el crédito”, explicó, y remarcó que el sector bancario ya “está imputando balances con pérdidas importantes e incluso cerrando sucursales con altos niveles de morosidad”. Para el analista, “el gran peligro de no resolver la morosidad es que se transforme en un problema sistémico en toda la cadena de pagos: empresas, consumidores y el sector de electrodomésticos”.
Garro, en cambio, relativizó la posibilidad de hablar de “sectores” y trasladó el análisis a cada empresa en particular. “Tendrán problemas aquellos comercios que arrastren un alto endeudamiento y que, al mismo tiempo, carezcan de esquemas de cobro o de negociación más firmes”.
El impacto en el consumo
Consultados sobre las consecuencias de la mora en el nivel de consumo, los economistas también mostraron matices. Laza consideró que el escenario “le pone un freno al consumo”, ya que “las familias endeudadas tienen menos margen para comprar y los comercios, al ver tanta morosidad, se vuelven más duros para financiar”. Sin embargo, aclaró que esto “no necesariamente significa que el consumo vaya a desplomarse, pero sí que la recuperación puede ser bastante más lenta”.
Aroma fue categórico al vincular la mora con el estancamiento del crédito como motor de la economía provincial. “El crédito era uno de los motores de crecimiento que el Gobierno tenía en carpeta; si el crédito no repunta, es muy difícil que el consumo lo haga”, afirmó. Y explicó por qué la salida no es inmediata: “Para reactivar el crédito, primero hay que sanear las cuentas de los tomadores: con una masa enorme de morosos, esa gente deja de ser sujeta de crédito y el consumo se deprime automáticamente, ya que no hay una segunda vuelta de compras hasta que no resuelvan su situación”.
Garro, por su parte, planteó una salida desde la gestión comercial de cada empresa. “Para reactivar las ventas, las casas de comercio deben reestructurar las deudas de sus clientes y ofrecer nuevos esquemas de pago que devuelvan tranquilidad a los deudores”, sostuvo. Como ejemplo, mencionó la posibilidad de que los comercios incentiven el consumo aplicando promociones, por ejemplo, un 10% de descuento en compras al contado a quienes cancelen la mitad de su saldo refinanciado. “Herramientas comerciales existen, pero dependen de la estrategia que decida implementar cada empresa”, comentó.
Fuente: Elsol

