Malvinas: los cables secretos de EE.UU. que anticiparon la derrota antes de la rendición en Puerto Argentino

Malvinas: los cables secretos de EE.UU. que anticiparon la derrota antes de la rendición en Puerto Argentino

Documentos desclasificados revelan cómo la embajada estadounidense siguió hora a hora el final de la guerra en junio de 1982. Los informes anticiparon la derrota argentina, describieron el desconcierto de la dictadura y registraron el creciente enojo social que terminó estallando en las calles contra el gobierno de Leopoldo Galtieri.

Mientras los combates cerca de Puerto Argentino, Malvinas, se hacían cada hora más intensos, mientras la guerra se acercaba a su fin aquel largo 14 de junio de 1982, mientras las autoridades del gobierno de la dictadura juzgaban poco menos que inevitable la rendición de las tropas argentinas, mientras gran parte de la sociedad miraba el futuro de la guerra con cierto pesimismo, ignoraba qué pasaba en realidad en las islas, vibraba todavía con la visita reciente del Papa Juan Pablo II y estaba pendiente del inicio del Mundial de Fútbol España 82, la embajada de Estados Unidos en Buenos Aires trazó a lo largo de cuatro documentos un perfil descarnado de la guerra en las islas y del agitado panorama político y social del país en esos días decisivos.

La Embajada estaba entonces a cargo de Harry Schlaudeman, un diplomático de carrera que había sido designado en Buenos Aires en 1980 por el entonces presidente James Carter. Ahora, reportaba al secretario de Estado de Ronald Reagan, el general Alexander Haig, que había mediado a su manera para evitar la guerra, al menos para intentarlo, una vez recuperadas las islas el 2 de abril de 1982.

A las dos y media de la tarde de ese 14 de junio, según los documentos desclasificados del Departamento de Estado, Schlaudeman envió el primero de sus informes sobre el final de la guerra: un cable que incluía revelaciones no conocidas hasta ese momento, como el establecimiento de una “zona neutral para civiles y heridos” vecina a Puerto Argentino; el documento se nutría además de la información oficial que daba el gobierno del general Leopoldo Galtieri sobre el curso de la guerra, la que le habían confiado en off funcionarios argentinos, lo que decían los diarios de Buenos Aires y su particular visión que no excluía cierta cansada ironía. La embajada usó en sus informes Port Stanley para mencionar Puerto Argentino y Falklands para hablar de Malvinas.

Publicación de Clarín de la visita del Papa Juan Pablo II a la Argentina durante el conflicto de Malvinas. (Foto: Archivo Clarín)
Publicación de Clarín de la visita del Papa Juan Pablo II a la Argentina durante el conflicto de Malvinas. (Foto: Archivo Clarín)

El resumen del primero de los documentos dice: “La batalla por Port Stanley continúa con furia pero percibimos que los argentinos reconocen ahora que probablemente sea sólo una cuestión de tiempo antes de ser derrotados, aunque afirman que será una victoria pírrica para el Reino Unido. Se estableció una zona neutral para civiles. La visita del Papa sigue resonando. Galtieri probablemente se benefició y el mensaje de paz de Juan Pablo aparentemente cayó en saco roto”.

A excepción del supuesto beneficio político que habría obtenido Galtieri con la visita del Papa, Galtieri fue barrido del poder apenas tres días después del informe de Schlaudeman, el cable amplía el sumario inicial con fuentes británicas y argentinas. Empieza con un repaso de los diarios porteños en los que la embajada ve “(…) Una mezcla de preocupación por la ofensiva británica y orgullo por la resistencia argentina”, y luego pasa a la información dura.

“Según el GOA (por gobierno argentino) los británicos avanzaron 3,5 kilómetros durante los últimos tres días, (el Reino Unido reclama 8) y el frente se ha estabilizado tras feroces enfrentamientos. Continúan los duelos de artillería. Evidentemente, los británicos han optado por consolidar su posición después de cada pequeño avance. Según se informa (la embajada no cita fuentes) los británicos aseguraron una nueva cabeza de playa en “Enriqueta” a 5 kilómetros al sur de Stanley. Mientras, el GOA alega un intenso bombardeo de las posiciones inglesas por parte de la Fuerza Aérea Argentina. Todos están a la espera del próximo asalto británico. La expectativa general es que el Reino Unido eventualmente prevalecerá. Muchos altos funcionarios del GOA han concedido públicamente la posibilidad de perder Stanley, pero quieren que al Reino Unido le cueste caro”.

Soldados argentinos en el Monte Longdon. (Foto: argentina.gob.ar)
Soldados argentinos en el Monte Longdon. (Foto: argentina.gob.ar)

En realidad, la Embajada había anticipado el día anterior la posible derrota argentina en Malvinas. En otro cable, fechado el 13 de junio, Schlaudeman usa el clima invernal de Buenos Aires y los últimos acontecimientos deportivos para trazar una parábola con la guerra, sin desdeñar el sarcasmo. Es difícil resistir la tentación de reproducir parte de ese informe, el cable “Buenos Aires 03538”: “Esta mañana es fría y gris en Buenos Aires y la televisión vuelve a lo suyo, como siempre, con los teleteatros. Parece no haber perspectiva de que salga el sol (…) Hay poco bueno en los informes de batalla de esta mañana sobre el destino de la guarnición argentina cercada en Stanley. Pero esta tarde continúa el Mundial (en español en el original) y es Argentina contra Bélgica a las 3:00 (…) Así parece ser la forma en que este país mira hoy su cruel guerra en el Sur. Pero si Argentina cree en los pálpitos y en la suerte, y en que en cierto modo todo es un juego, sólo tiene que escuchar las noticias deportivas de esta mañana para enterarse de que su defensor del título de los pesos pluma, Sergio Palma, perdió su corona anoche a manos de un dominicano negro, Leo Cruz, que tuvo más clase y coraje”.

El informe de la Embajada del 14 de junio sigue con otra revelación: “El gobierno argentino accedió a establecer una zona neutral de dos manzanas cuadradas en Puerto Stanley, a la orilla del agua, para proteger a civiles y heridos. Esto fue resultado de las gestiones del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), que comenzaron el 11 de junio”. Luego abandona el escenario de Malvinas para tratar la breve visita del papa Juan Pablo II a Buenos Aires. Aquella fue una visita de urgencia. La agenda papal tenía previsto un viaje de Juan Pablo a Gran Bretaña desde mucho antes del conflicto. La visita se produjo ya en plena guerra y para que no se viera como un gesto de apoyo del Vaticano al gobierno de Margaret Thatcher, Juan Pablo se hizo un espacio para visitar por un par de días la Argentina. Lo recibieron con fervor y entusiasmo y una multitud siguió la misa que dio en Palermo, donde pidió por la paz.

El informe de la Embajada dice que esas invocaciones a la paz del Papa “fueron mucho más directas de lo que muchos predecían y fueron repetidas por algunos en la multitud que coreaban ‘Queremos la paz’ (…) Pero esto fue ignorado por la mayor parte de la prensa que dedicó decenas de páginas a las idas y venidas de Juan Pablo II, pero ninguna a la reflexión sobre lo que dijo (…) Por otro lado, el mensaje de Su Santidad fue cristalino. No tenemos dudas de que la Junta (militar) lo entendió”. Luego, Schlaudeman hace una curiosa lectura política, acaso errada, del rédito que Galtieri pudo haber obtenido de su contacto con el Papa: “Galtieri se mostró como un político consumado. Recibió a Juan Pablo II a su llegada, se reunió con él dos veces, recibió la comunión y fue visto por millones de televidentes cuando el Papa lo bendijo a su partida. Hay pocas dudas de que la visita aportó dividendos políticos al presidente”.

Informe militar desclasificado sobre la Guerra de Malvinas. (Foto: Embajada de Estados Unidos)
Informe militar desclasificado sobre la Guerra de Malvinas. (Foto: Embajada de Estados Unidos)

Por último, el documento vuelve a emparejar guerra, deporte e ironía: “La visita de Juan Pablo II fue el acontecimiento más popular y gratificante para este país desde que ganó la Copa Mundial de Fútbol en 1978. Pero sólo dos días después, los argentinos estaban deprimidos otra vez. Su tan elogiado equipo de fútbol perdió ante Bélgica, un histórico colista, en el Mundial. Y ahora, es evidente para todos que están perdiendo lo que muchos argentinos consideran el premio más grande de todos en las Falklands. Schlaudeman”.

Comparaciones e ironías se acabaron horas después. A las once y media de la noche de ese 14 de junio, el secretario de Estado Alexander Haig envió un mensaje urgente a la Embajada en Buenos Aires y a todas las sedes diplomáticas y consulares estadounidenses en el mundo. Decía: “Asunto: Crisis del Atlántico Sur. Informe de situación a las 1800, 14 junio de 1982. Cese del fuego alrededor de Stanley. La primera ministra británica Thatcher y el alto mando militar argentino han confirmado que un cese del fuego efectivo entró en vigor alrededor de Port Stanley en la tarde del 14 de junio. Thatcher informó a la cámara de los comunes que el comandante argentino en las Islas está discutiendo la rendición de las tropas argentinas en el Este y el Oeste de las Falklands con el segundo comandante británico. Los argentinos están enarbolando banderas blancas sobre Stanley, y las tropas británicas tienen órdenes de no disparar excepto en defensa propia. El alto mando argentino emitió un comunicado indicando que, tras intercambios entre los comandantes militares británicos y argentinos en las islas, un cese del fuego de facto, “no acordado formalmente” entró en vigor en el área de Stanley”.

Un soldado argetino el día de la recuperación de Malvinas. (Foto: DyN / Daniel García)
Un soldado argetino el día de la recuperación de Malvinas. (Foto: DyN / Daniel García)

El informe de Haig cita fuentes británicas, las únicas que le proporcionaron datos parciales sobre muertos y prisioneros. “Pérdidas británicas. El MOD, (por el ministerio de Defensa del Reino Unido), anunció que el 13 de junio las pérdidas británicas a causa del ataque argentino del 8 de junio en Fitz Roy ascendieron aproximadamente a 100 hombres muertos o heridos. Otros nueve se perdieron en un ataque de fin de semana contra un destructor británico. Prisioneros argentinos. Los británicos entregaron al CICR (la Cruz Roja) en Montevideo a unos 1.000 prisioneros argentinos capturados en las Falklands en la batalla del 28 y 29 de mayo en Goose Green y Darwin. En un ataque nocturno el 12 de junio, las tropas británicas, avanzando cinco millas hasta las afueras de Stanley, capturaron a varios cientos más de soldados argentinos. Buenos Aires minimizar considerado. Haig”.

Al mediodía siguiente, 15 de junio, la Embajada en Buenos Aires copió al Departamento de Estado la versión argentina del final de la guerra. En el cable “Buenos Aires 3569”, Schlaudeman informaba: “A las 04:35 AM del 15 de junio, el Estado Mayor Conjunto emitió el Comunicado número 165, que informaba que el jefe de las tropas británicas, general Jeremy Moore, y el jefe de la guarnición militar Malvinas, general Mario Benjamín Menéndez, habían informado un documento que establecía “Las condiciones de cese el juego y retiro de fuerzas. El mencionado documento se hará público una vez que se disponga de su texto”. “Fin de la cita”, aclaraba la Embajada, acaso perpleja por la información, ambigua y carente de datos precisos.

El embajador Schlaudeman manejaba otra información que, por otro lado, había hecho pública la agencias de noticias argentina DyN. Moore había presentado una lista de condiciones para la salida de las tropas de las islas: cese del fuego inmediato con retención de prisioneros y de las armas capturadas; pago de reparaciones, el informe de la embajada aclaraba: “No se proporciona una cifra, pero la radio dice que los británicos exigen 2.500 millones de dólares”; el restablecimiento de la administración anterior en Malvinas con un gobernador designado por Londres y el retiro al continente del resto de las tropas argentinas. La embajada agregaba: “Según las fuentes militares de DyN, la propuesta es ‘inaceptable’ y las fuentes anticipan ‘la continuación de acciones en los planos diplomático y económico para recuperar las islas”.

Tapa de Clarín del 14 de junio de 1982 sobre los bombardeos en la guerra de Malvinas.(Foto: Archivo Clarín)
Tapa de Clarín del 14 de junio de 1982 sobre los bombardeos en la guerra de Malvinas.(Foto: Archivo Clarín)

Pero la guerra de Malvinas había terminado. En Buenos Aires, empezaba otra batalla: la de la desinformación y el ocultamiento. El cuarto documento desclasificado, firmado por el embajador Schlaudeman, anuncia la catástrofe política en ciernes para el gobierno de la dictadura. A las nueve y ocho minutos de la noche de ese 15 de junio, la Embajada informó al Departamento de Estado: “El GOA ha estado evadiendo respuestas todo el día. Nadie ha pronunciado una palabra sobre la derrota y la rendición en Stanley, ni sobre lo que el gobierno ha aceptado. Pero está programado que Galtieri se dirija a la nación esta noche a las 9:00 PM. Un grupo de manifestantes (400-500 y entendemos que va en aumento), ha estado frente al palacio presidencial la mayor parte del día protestando por la rendición, y algunos piden la renuncia de Galtieri (…) Las figuras políticas están divididas. Algunos han llamado a la unidad nacional y al apoyo hacia el gobierno de las Fuerzas Armadas. Unos pocos exigen una rendición de cuentas por la derrota y un cambio de gobierno (…)”

El embajador Schlaudeman creyó necesario, lo era, que el Departamento de Estado supiera cuál era su propia visión sobre esas últimas 48 horas decisorias en la Argentina. Es fácilmente detectable su asombro y su desconcierto. En un breve capítulo titulado “La derrota”, dice: “Hay un silencio sobrecogedor en los pasillos del gobierno hoy. Parece que la primera palabra oficial de lo que sucedió en Port Stanley saldrá de la boca del presidente, quien tiene previsto dirigirse a la nación a las 9 p.m. esta noche. Hasta ahora, el GOA se ha mostrado hermético sobre los acontecimientos, sobre qué ha aceptado, si es que lo ha hecho, y qué planea hacer a continuación. El único funcionario reubicado del gobierno en hablar hasta ahora fue el canciller (Nicanor) Costa Méndez a primeras horas de esta tarde, quien dijo que ‘la rendición (primera vez que se usa esta palabra aquí) en las islas se debe a la superioridad en armamento de los británicos. Esta ventaja se debe al material entregado a las fuerzas británicas por el USG (por gobierno de Estados Unidos) y a las sanciones que el USG ha aplicado contra nosotros. Los hechos ocurridos en nada afectan la soberanía argentina sobre las islas, ni nuestra determinación de continuar nuestra lucha en todos los frentes, en todas las formas y en todo momento hasta lograr el reconocimiento de la soberanía argentina”

Publicación de Clarín de 15 de junio de 1982, cuando las fuerzas cesaro el combate. (Foto: Archivo Clarín)
Publicación de Clarín de 15 de junio de 1982, cuando las fuerzas cesaro el combate. (Foto: Archivo Clarín)

En realidad, el gobierno de Galtieri, o lo que restaba de él, se había negado a revelar cuáles eran las condiciones impuestas por los británicos que habían sido aceptadas. Más que revelar cómo había sido el final de la guerra y que debía afrontar el país desde ese momento en más, los voceros estaban preocupados por insistir en que “sería una estupidez” que Galtieri renunciara. Sin embargo, había una fuerte discusión en el seno de las Fuerzas Armadas. Y la embajada de Estados Unidos lo sabía.

Sigue el documento: “Comentario: Los comandantes de las fuerzas y los oficiales superiores han estado reunidos la mayor parte del día. Sospechamos que hay algo de verdad en los comentarios que hablan de disensos, o al menos de diferencias de opinión sobre cómo abordar la crisis. Parece que, como de costumbre, cuando se enfrenta a opciones difíciles, el gobierno argentino ha caído en la parálisis. Fin del comentario”.

La Embajada también olió el descontento de la gente que empezó a llegar a la Plaza de Mayo y no precisamente para escuchar el nocturnal mensaje de Galtieri. “Por lo que nos cuenta nuestro personal local en la embajada, y por el ambiente que detectamos en las calles, la gente está muy enfadada. Lo que más escuchamos, es que el gobierno le mintió al pueblo durante todo el episodio de las Falklands, que no ha defendido el honor nacional mientras sacrificaba cientos de vidas y la economía en vano”.

Galtieri habló esa noche. Sin dar cuentas de lo que había pasado en Malvinas, sólo dijo: “El combate de Puerto Argentino ha terminado”, sin dar más detalles y sin asomarse a los balcones de la Casa Rosada como acaso había pensado: se mantuvo espectral soberbio y amenazante: “No habrá lugar para la especulación ni el engaño. El ocio será una estafa. El aprovechamiento de la situación, una injuria a la sangre de los que combatieron. Y el derrotismo será una traición”.

Tapa del 17 de junio de 1982, marca el reclamo de la Iglesia y la urgencia de las FF.AA. por tomar una decisión ante Gran Bretaña. (Foto: Archivo Clarín)
Tapa del 17 de junio de 1982, marca el reclamo de la Iglesia y la urgencia de las FF.AA. por tomar una decisión ante Gran Bretaña. (Foto: Archivo Clarín)

La multitud cargó contra las vallas metálicas que rodeaban la Casa de Gobierno y fue reprimida con dureza, palos, gases lacrimógenos y balas de goma, que tuvieron su eco en el incendio de vehículos y tachos de basura, y en el destrozo de las vidrieras del centro de la ciudad. La embajada de Estados Unidos también dio cuenta de eso en otro documento fechado el 16 de junio en el que señaló: “Cualquiera, civil o militar, que hasta ayer confiara en el juicio de Galtieri, debe tener ahora serias y profundas dudas”.

El embajador Schlaudeman sabía de qué hablaba. Días antes, cuando la visita del papa Juan Pablo II, había considerado a Galtieri “un político consumado”.

Fuente: TN