Números pintados, el símbolo de la peor etapa de Boca

Números pintados, el símbolo de la peor etapa de Boca

Con el club en crisis y el plantel en huelga, el Xeneize tuvo que enfrentar a Atlanta con juveniles y una camiseta improvisada. La palabra de Fornes y Ramírez, dos de aquellos pibes, y su dura experiencia en La Candela.

Si se repasa la historia de los clubes grandes, hay momentos que resultan sencillos de relacionar con la gloria y la construcción de esa grandeza. Pero también existen otros, asociados a crisis profundas. En el caso de Boca, la peor época hay que ubicarla en 1984. En aquel año, el club estaba sumido en una crisis institucional y deportiva que lo llevó al borde de la quiebra, a punto tal que debió ser intervenido.

En 1981, bajo la presidencia de Martín Noel, Boca contrató a Maradona, conformó un equipo de estrellas (Brindisi, Morete, Trobbiani) y obtuvo el título del Metropolitano de ese año. El país era gobernado por la Junta Militar, al terrorismo de Estado imperante se le sumaron una debacle económica provocada por la disparada del dólar y una inflación del 131 por ciento. Y como Boca tenía la mayoría de los contratos de sus figuras en dólares, ese fue el principio del abismo. Se consiguió el campeonato, pero también un montón de deudas. Dos años más tarde, en 1983, fue electo Domingo Corigliano, y en 1984 designaron interventor a Federico Polak. De este contexto, entre otras cosas, emergió la crisis más profunda en la historia del club.

El instante que mejor simboliza aquellos días ocurrió del 8 de julio de 1984. El fixture marcaba que el Xeneize debía jugar con Atlanta por la fecha 15. Como los profesionales habían iniciado una huelga por falta de pago, se enfrentó ese compromiso con juveniles de la Cuarta y Quinta en una Bombonera que se encontraba habilitada sólo en su anillo inferior. La debacle provocó que el equipo tuviera que jugar muchos partidos en otros estadios, ya que tenía a la Bombonera clausurada por problemas edilicios y de seguridad. En ese año hasta estuvo cerca del remate por una deuda con el club Wanderers por el pase de Ariel Krasouski. Como ejemplo de esto, por la fecha 13, Boca disputó el clásico ante River haciendo de local en el Monumental, en un partido que terminó 1-1.

Camiseta de Boca
La histórica camiseta de Boca con los números pintados.

Aquel 8 de julio, los juveniles de Boca no tenían una camiseta suplente y la tradicional se confundía con la azul que usó Atlanta, por lo que tuvieron que jugar el primer tiempo con una blanca de entrenamiento con los números pintados con un fibrón. La derrota de los pibes por 2-1 frente al Bohemio quedó sepultada por el dolor y el recuerdo de lo que fue ese episodio de las remeras blancas con los números borrándose por la lluvia y la transpiración. Esa foto quedó en la memoria colectiva como una síntesis perfecta del desastre institucional.

Roberto Fornes, uno de los pibes que jugó ese encuentro, recuerda cómo se dio todo: “Nos adelantaron después de la práctica del viernes que a lo mejor jugábamos nosotros porque los profesionales no se presentaban por falta de pago. Y nos enteramos el sábado a la tarde de una manera insólita. En mi casa no había teléfono, entonces llamaron la pizzería del papá de Fabián Peruchena, que era otro jugador, y dijeron que nos debíamos presentar a la noche en la Candela para concentrar. El día del partido, como Atlanta salió con una camiseta azul, nosotros como locales tuvimos que cambiar, y como no teníamos la suplente jugamos con las blancas con los números pintados. Fueron momentos bravos. En la Candela a veces no había ni para comer. A mí me prestaba los botines el Tigre Gareca”.

Roberto  Fornés
Roberto “el Flaco” Fornés con Ruggeri, Gatti y Brown

Otros de los que participó de ese partido fue Denny Ramírez, quien ya había debutado en abril de 1982 ante Mariano Moreno de Junín. Con sólo 15 años es el jugador más joven en debutar en la Primera de Boca. Desde Formosa, donde actualmente es el presidente de la Liga de Fútbol de Laguna Blanca, el exdelantero relata su historia: “Yo ya entrenaba con los profesionales y en la reunión de ese sábado, en donde el plantel decidió no presentarse, los más grandes me dijeron que tenía que jugar porque todavía era amateur, y que si no lo hacía me podían colgar. Así fue como jugamos ese partido con las famosas camisetas blancas. La situación en aquellos años era complicada. Yo vivía en la Candela y la verdad que había una malaria terrible. La carne solamente la olíamos. A veces el pan de la merienda lo guardábamos para la cena y lo calentábamos a la noche en la estufa. Así cenábamos mate con tostadas. Algunos hinchas venían y nos pagaban la comida. En invierno nos bañábamos con agua fría. Todo eso hizo que los pibes que estuvimos ahí nos hiciéramos muy unidos. A punto tal que hoy tenemos un grupo de WhatsApp de 60 jugadores que éramos del interior y vivimos en la Candela. Hasta el Cabezón Ruggeri está en este chat. Igual siempre digo ‘pucha, mira dónde estuve, yo jugué en Boca’».

Hoy la realidad es otra, muy lejos de aquel club que pasó todas estas penurias que lo llevaron al borde de la quiebra. De aquella época, como un símbolo de la crisis, quedan las fotos de ese partido con Atlanta. Por eso, Fornes reflexiona: “Ninguno de los pibes que jugamos nos quedamos con esa camiseta. ¿Sabés lo que valdría hoy? Lo que sí hicimos en su momento fue una réplica. Hace poco nos volvimos a juntar, en una de las pocas veces que el club nos prestó una cancha. Algunos hacía como 30 años que no nos veíamos. Fue una emoción muy grande. Fueron momentos duros los que vivimos que nos unieron. Seguramente si nos hubiera tocado este tiempo, la historia de muchos de nosotros hubiese sido otra. Pero no me quejo. Yo jugué en Boca, el club del que soy hincha”.

* Este artículo fue publicado originalmente el 8 de julio de 2020.

Fuente: TyC