Oksana Masters nació con malformaciones por la radiación de Chernobyl, vivió en un orfanato y hoy brilla en Tokio 2020

Obtuvo la medalla de oro en ciclismo contrarreloj H4-5 y su vida es un ejemplo de superación.

En Tokio 2020 hay una atleta que sigue sumando medallas y se destaca en diversas disciplinas. Oksana Masters consiguió la medalla dorada en ciclismo contrarreloj H4-5 y su historia está atravesada por distintos momentos arduos.

En 1989 nació en Ucrania, tres años después del accidente nuclear de Chernobyl que causó muertes y daños irreparables en la vida de los ciudadanos. Debido a la radiación, Oksana es una de las tantas personas que nació con mal formaciones y vino al mundo con un solo riñón, seis dedos en cada pie, su pierna izquierda es 15 centímetros más corta que la derecha y no tiene tibias. En sus manos nació con cinco dedos, pero ninguno de ellos era un pulgar. Ante diversas operaciones, tuvieron que apuntarle las piernas por encima de las rodillas y las cicatrices aparecen en distintos rincones de su cuerpo.

Aun así, no todas las cicatrices son visibles. Durante sus primeros siete años y medio de vida vivió en orfanatos y aquellas marcas no pudo taparlas con tatuajes.  «Algo que fui descubriendo con mayor claridad es mi deseo de reclamar mi cuerpo, reclamar mi vida como una historia que sólo yo puedo contar. Lo más difícil es decirlo en voz alta: fui abusada. Para definirlo, pero que no me defina a mi», contó la ganadora de nueve medallas en los Juegos Paralímpicos.

La vida en los orfanatos ucranianos era hostil y abusiva. Las noches eran más oscuras que en cualquier otro rincón del mundo y aquellos pasillos largos, sin iluminación en los que reinaba un silencio ensordecedor no eran una pesadilla, sino su realidad. A la hora de contar lo vivido, Oksana Masters detalló: «A veces, en lugar de ser gráfico, sólo necesito contar a la gente una lista de las cosas que ya no soporto: cuchillos; cigarrillos encendidos; cadenas metálicas. Todavía, a día de hoy, no puedo recibir un masaje y no asustarme. Eso probablemente te da una idea de la situación».

Esta necesidad de poder apropiarse de su cuerpo se vio representada de distintas formas. En su adolescencia comenzó a tatuarse y el objetivo era mucho más profundo que una imagen en el cuerpo: «Cada tatuaje que tengo está repleto de mis decisiones y todos representan una parte de mi.  Mis nuevas marcas, como yo elijo llenar mi cuerpo de tatuajes, es cómo quiero contar mi historia», explicó en una entrevista con The Players Tribune. Aun así, no fue la única y el deporte también fue otra salida.

El contexto de su niñez, además estaba acompañado por las fugas constantes de radiación y algunos días un policía recorría las calles y le pedía a los vecinos que cerraran las ventanas y puertas y prohibía la circulación durante algunos días para que «la radiación se apagase un poco».

A los siete años el rumbo de su vida cambió, un giro que redireccionó su camino por completo y tras la adopción de Gay Masters pasó a vivir en Estados Unidos. En su nueva familia era querida, acompañada, la alimentación nunca faltaba y el amor la fortalecía. Aun así, las cicatrices seguían con ella y las noches eran oscuras. Dormir era imposible.  «En el orfanato asociabas dormir con el abuso, así de simple. Entonces cuando llegaba a mi nueva casa, en mi cama cómoda, era como si ni la novedad ni la comodidad importaran. Odiaba dormir», relató.

Al tiempo llegaron los deportes y las secuelas que le dejó haber nacido en Chernobyl fueron reivindicadas en distintas competencias. El deporte se convirtió en su mejor camino, pero la línea de llegada jamás fue el éxito. Oksana Masters eligió dedicarse al deporte para poder entenderse a sí misma. «Los deportes me permitieron ver cómo el cuerpo – mi cuerpo- tiene un poder que nunca debe ser sobrestimado», contó.

A sus 31 años sigue sumando galardones. Su primera medalla paralímpica la obtuvo en Londres 2012 en remo junto con Rob Jones, completó 31 maratones en 31 días. En los Juegos Paralímpicos de Invierno de Sochi 2014 obtuvo una medalla de plata y otra de bronce.

Su objetivo es lograr visibilizar el deporte paralímpico e inspirar a jóvenes en distintas partes del mundo y en la misma entrevista contó: «No quiero que la próxima generación de niñas y niños crezcan sin tener a esa persona a quien admirar y querer, a la que aspirar. Todos los niños tenían una foto de Michael Jordan en la pared. ¿Por qué no puede ser algo normal que sea alguien que ha tenido un accidente o ha nacido sin alguna parte de su cuerpo?».

Oksana Masters no brilla a pesar de sus cicatrices, sino que justamente brilla con ellas y cada momento arduo que tuvo que superar es parte de lo que hoy es. Sus marcas en el cuerpo son su historia y la forma en que ella elige vivir con ellas es lo que verdaderamente la define.

Fuente: Olé

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