Por qué la inflación se convirtió en un nuevo flagelo mundial

Larry Summers está viviendo un momento bastante atípico para un economista: su pronóstico sobre la inflación, ninguneado o tildado de alarmista por sus críticos, terminó siendo correcto. Es algo parecido a lo que le ocurrió a Nouriel Roubini, apodado “Dr. Doom”, cuando anticipó la crisis financiera global. Summers, uno de los economistas más influyentes –y uno de los más controvertidos– de Estados Unidos, advirtió a principios de 2021 sobre el peligro de un fogonazo en los precios por la enorme cantidad de dinero que el gobierno federal había inyectado para paliar la pandemia de coronavirus. Su última previsión fue que Estados Unidos se encamina a una “estanflación”, un período de estancamiento con suba de precios, que eventualmente terminará en una “gran recesión”. Summers, un ortodoxo que quedó atado a Wall Street por ser uno de los artífices de la regulación financiera minimalista que dominó los 90 y terminó en la crisis financiera global, cree poco probable que la Reserva Federal pueda bajar la inflación sin chocar la economía. A principios de abril, recordó en una columna en el Washington Post que, en los últimos 75 años, “cada vez que la inflación ha superado el cuatro por ciento y el desempleo ha estado por debajo del cinco por ciento, la economía estadounidense ha entrado en recesión en dos años”.

NÚMEROS QUE PREOCUPAN EN ESTADOS UNIDOS

Inflación interanual. Ene20 – Abr22

Un flagelo para países ricos y pobres

Desterrada hace años en el mundo, salvo en casos excepcionales como Venezuela, la Argentina o Zimbabwe, la inflación irrumpió como la nueva némesis de la economía global, el último capítulo nocivo de la pandemia. Estados Unidos y Europa sufren la inflación más alta desde principios de los 80, un flagelo que desde entonces ha atacado solo al mundo emergente o a los países pobres. Ahora, ricos y pobres enfrentan el mismo problema. “¿La inflación te deprimió? Por lo menos no vivís en la Argentina”, fue el título del Wall Street Journal para un artículo que describía cómo se las ingeniaban los argentinos para vivir con subas de dos dígitos en el costo de vida, un talento ignoto en el norte. Durante el último año, la Casa Blanca y la Fed, bajo el mando de Jerome Powell, minimizaron el problema. El mensaje del gobierno de Joe Biden era que se trataba de un bache en la recuperación de la pandemia, un fenómeno “transitorio” provocado por las dificultades en las cadenas de producción globales para ponerse al ritmo de los consumidores. Cuestiones de la globalización y de la reactivación. Powell decía lo mismo, y subrayaba su compromiso con una “recuperación inclusiva”. El mismo enunciado se escuchaba en Europa. “La inflación es largamente transitoria”, dijo Christine Lagarde, presidenta del Banco Central Europeo, a mediados de octubre del año último. Esa postura cambió radicalmente este año. La inflación empeoró, y la invasión de Rusia a Ucrania disparó el precio del petróleo y el gas –la nafta marcó un récord en Estados Unidos– y los alimentos. La Fed y la Casa Blanca dejaron de decir que la inflación era transitoria, y el mensaje oficial comenzó a apuntar a Vladimir Putin al hablar de “los aumentos de precios de Putin”. Presionado, Biden puso la lucha contra la inflación al tope de su agenda.

“Quiero que todos los estadounidenses sepan que me estoy tomando muy en serio la inflación, y que es mi principal prioridad doméstica”

JOE BIDEN

Los bancos centrales cambiaron de partitura, y comenzaron a subir sus tasas de interés a las zancadas para evitar una espiral que termine por descarrilar aún más a la economía global. Powell intenta timonear ahora a Estados Unidos a un “aterrizaje suave”, pero su gestión y la de la Fed, la institución más poderosa de la economía global, quedaron en capilla, criticados por su lentitud y su falta de reflejos para atacar con mayor agilidad y determinación la suba de precios. Unos días antes que Biden, Powell también cambió su mensaje. “Quiero tomar esta oportunidad para hablarle directamente al pueblo norteamericano”, dijo el jefe de la Fed, la semana última, en un nuevo tono, luego del anuncio de una suba en la tasa de medio punto, la mayor en 22 años. “La inflación es demasiado alta, y entendemos las dificultades que está causando, y nos estamos moviendo expeditivamente para bajarla”, afirmó.

Europa y EE.UU. ante “una bestia diferente”

Europa también se encamina a subir sus tasas de interés el próximo verano boreal y a abandonar la política de tasas negativas que mantiene desde 2014, cuando Mario Draghi, ahora al frente de Italia, decidió ir a fondo para sacar a la eurozona del letargo en el que se encontraba tras la crisis financiera global y la de deuda soberana, que llegó a poner en peligro al euro. Otros tiempos. Así y todo, quizá no sea suficiente. Lagarde se encargó de advertir que Estados Unidos y Europa enfrentan “una bestia diferente”, y aun cuando Europa suba el costo del dinero, el precio del gas y la nafta no bajarán. La inflación y el giro de los bancos centrales inauguran una nueva época en la economía global. Atrás quedó un período excepcional en las economías avanzadas de tasas históricamente bajas y monumentales inyecciones de dinero –una estrategia que Milton Friedman bautizó “el helicóptero del dinero”– para sostener el crecimiento durante una era de crisis que culminó con la emergencia de Covid-19. La nueva etapa marca el fin del reinado de las “palomas” y el retorno de los “halcones”. Y le quita validez a la idea de que algunos gobiernos pueden dar rienda suelta a sus déficits, defendida al extremo en la llamada “Teoría Monetaria Moderna”, que gozó de cierto estrellato durante la pandemia, y a la que Summers tildó de “grotesca”, “economía vudú” y colocó a la par de “dietas de moda, curanderos contra el cáncer o teorías creacionistas”.

LAS CIFRAS QUE MIRA EUROPA

Inflación interanual. Ene20 – Mar22

Panorama a futuro: los 3 riesgos

La inflación bajará. La incógnita es a qué velocidad, y a qué costo. Summers cree poco probable que la Fed pueda lograrlo sin llevar a la economía a una recesión. Bill Dudley, quien fue presidente de la Reserva Federal de Nueva York, es uno de los que coincide en ese pronóstico. “El problema de la Fed es que llegó demasiado tarde”, dijo recientemente. Paul Krugman, quien se trenzó en los últimos meses en un debate con Summers por la inflación –ambos son demócratas, pero de distinto paladar–, es más optimista: ha dicho que esta inflación “es muy diferente, y mucho más sencilla de resolver” que la de principios de los 80, y que domarla costará un desempleo mayor, pero no una recesión. Krugman considera que aún se puede lograr un aterrizaje suave. Los economistas marcan al menos tres riesgos. El primero es la guerra en Ucrania. Un conflicto prolongado, el escenario más plausible, mantendrá la presión sobre los precios de la energía y los alimentos de los últimos meses. El segundo es la continuidad de la pandemia y la política de confinamientos de China, que estiran las dificultades en las cadenas de suministros globales y los cuellos de botella para trabajar a toda máquina. Hay quienes hablan incluso de una “inflación estructural”, más complicada de morder. Otro riesgo es que los bancos centrales deban hacer un ajuste más duro y llevar sus tasas más arriba de lo esperado.

Los consumidores observan la escalada de precios en el mundo, algo a lo que no estaban acostumbrados en países como España o Estados Unidos (Getty Images). Una pareja de jubilados frente a las heladeras de lácteos, en un supermercado de la Argentina. (Fabián Marelli / LA NACION)

“Al final del día, los bancos centrales van a lograr contener la inflación”, sintetiza Alejandro Werner, director del Instituto para las Américas de la Universidad Georgetown. “Sin embargo, es probable que se requieran tasas de interés más altas que las que ahora están contempladas por los mercados. Y la probabilidad de que Estados Unidos entre en una recesión ligera no es baja”, agrega. Werner señala además que el cálculo fino que debe hacer la Fed para lograr un aterrizaje suave es difícil, y puede llevar a que haya una desaceleración más brusca que la prevista originalmente. Respecto a América Latina, que importa inflación, pero también se beneficia con el aumento de las materias primas, Werner cree que los bancos centrales de Chile, Perú, Colombia, México y Brasil están actuando de manera anticipada y decidida, y también lograrán contener las presiones inflacionarias.

LOS PRECIOS EN LA REGIÓN

Inflación interanual. Ene20 – Abr22

Turquía y la Argentina, dos países hermanados por sus crisis, aparecen un escalón encima del resto en el mundo emergente. La inflación en Turquía llegó al 70% anual en abril luego de que el gobierno de Recep Tayyip Erdogan avanzara sobre el banco central para bajar las tasas y empujar a la economía. En la Argentina, el gobierno de Alberto Fernández ya espera que este año cierre con una suba de precios superior al 60%, la mayor desde la hiperinflación de 1991, aun con el acuerdo con el Fondo. El nuevo brote inflacionario tendrá de todos modos repercusiones políticas y sociales. La inflación ya es la principal preocupación de los norteamericanos, según Gallup. La Casa Blanca intenta mostrarse comprometida en la lucha contra el nuevo flagelo, pero los demócratas se encaminan a perder el control del Congreso. En Francia, Marine Le Pen estuvo más cerca que nunca del Elíseo. El Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional alertaron sobre el daño a los países más pobres y el riesgo de protestas, que ya se han visto en Sudán o Sri Lanka, y también en Perú. Biden despertó comparaciones con Franklin Delano Roosevelt al inicio de su presidencia. Ahora los republicanos intentan atarlo a otro presidente: Jimmy Carter, cuyo gobierno sucumbió ante la inflación, y Ronald Reagan.

Fuente: Lanación