River goleó a Argentinos y cada vez está más cerca

Ya bastante fuerza hizo el destino para cuidar el producto. Estuvo entretenida la Liga Profesional hasta esta fecha N°18, pero ya es hora de empezar a ver la realidad.

Si no hubiese sido por las decenas de lesiones que le llovieron, las convocatorias a mansalva que le redujeron el plantel en plena competencia y también a alguna que otra suspensión que le fue minando el camino, River ni siquiera estaría celebrando hoy que le sacó nueve puntos al segundo y 11 a los terceros. En un escenario más amable, el equipo de Gallardo estaría descorchando. Por caso, el Monumental vibró y festejó no sólo por la goleada contundente frente a Argentinos, sino también por lo que ya ven venir. Sí, vayan preparando el espumante porque el fútbol argentino tendrá un nuevo campeón…

Hay algo que River le sumó en este último tiempo a su inquebrantable búsqueda, a su abrumadora capacidad de hacerse dueño de los partidos de pé a pá: la confianza. Se siente primero y juega como tal, maniatando al que se le ponga enfrente al punto que de movida lo obliga a cambiar de discurso. Quieran o no, todos piensan primero en cómo frenar a River antes que en cómo hacerle daño, y lo peor es que no pueden… Es cierto que hubo partidos en los que le faltó claridad en los últimos metros, en otros solidez atrás para evitar que una cañita voladora perdida le quemara el quincho.

Pero ahora juega con la suficiencia de saber que no hay nadie que juegue a su juego, y mucho menos que le haga fuerza. Incluso, cada vez es menor la brecha entre los titulares y los que esperan: Bruno Zuculini es el ejemplo de paciencia y evolución. Su golazo, esa bomba que reventó el travesaño y pasó la línea, fue premio para un jugador de toda la cancha: jugó por EP24, se posó entre los centrales para ser salida, robó, ganó terreno, aclaró el juego y abrió el partido.

Zucu fue un ejemplo de lo que se vio a nivel macro. River jugó un partido sublime frente a un rival que fue partenaire. Le abrió la cancha (Rojas en modo Montiel) y aprovechó un recurso poco utilizado hasta entonces pero que con la velocidad de los pibes se volvió un arma letal: los bochazos profundos entre los centrales. Ahí entró en juego el Palavecino que necesitaba y que ahora disfruta todo River, lúcido y aprovechando al 100% su visión milimétrica para regalares espacios a Álvarez y el ingresado Romero. Y cuando esa alquimia aparece en un jugador de su talla, el puntero de la Liga adquiere un vuelo poco visto por estas latitudes.

Aparece el “tomala vos, dámela a mí” entre el Araña y Braian para que, en dos minutos, el triunfo buscado y recontra merecido se transforme en una goleada que incluso pudo ser aún más abultada (Ay, Carrascal…). Claro, si todo fuera tan fácil como se ve desde las tribunas o desde la tevé el torneo ya se habría terminado hace rato.

Pero lo importante es que Gallardo y compañía saben que tarde o temprano, el premio a tanta búsqueda y a un fútbol champagne llegará. Los hinchas también lo ven con los mismos ojos y por eso en el Monumental sobrevoló un festejo que fue mucho más allá de un 3-0 implacable, que llenó los ojos. Nadie lo dice, pero lo sienten. Es el River camp…

Fuente: Olé

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