Un modelo para pocos. Por Carlos Heller
Las recetas de siempre, el FMI felicita y pide más ajuste y reformas estructurales.
La concentración de los recursos económicos sigue siendo un fenómeno que impacta a nivel global: según la organización OXFAM, con tan solo el 65% de la riqueza que los 3.000 milmillonarios ganaron en el último año se podría terminar con la pobreza en el planeta. Es decir, recursos no faltan, el problema está en su distribución.
En 2011, en un evento organizado por la Alianza Cooperativa Internacional y realizado en la sede de la Organización de las Naciones Unidas, señalé: «Vivimos en un mundo absurdo: el mundo más rico de la historia universal convertido en la mayor fábrica de pobres de la historia. El mundo que ha aumentado las desigualdades». Pasaron 15 años y la situación ha empeorado.
En este contexto, los nuevos desarrollos tecnológicos, como la inteligencia artificial, plantean renovados desafíos, el principal, evitar que se los utilice para agravar aún más la situación.
El papa León XIV en su reciente encíclica sale al cruce de esta cuestión. «Las innovaciones tecnológicas –incluida la inteligencia artificial (IA)– no son neutrales; pueden aumentar la participación y la justicia, o ampliar las desigualdades, el control y la exclusión». Por tal motivo requieren de «un nuevo marco espiritual, ético y político. Más poderoso no significa necesariamente mejor». En lo expresado por el líder religioso subyace una idea central: el necesario rol del Estado como contrapeso al poder de los mercados.
Aquí, en nuestro país, el Gobierno va a contramano de la prédica papal. En una nota publicada en el diario británico Financial Times, el presidente Javier Milei planteó «el compromiso de mantener la IA sin regular para que pueda desarrollarse libremente, sin la mano mortal de una regulación prematura y mal comprendida». Estas tecnologías son intensivas en la explotación de recursos naturales y requieren de un clima que nuestro país dispone. Por lo tanto, es un activo estratégico que el Gobierno pone a disposición de los capitales privados, sobre todo estadounidenses, en condiciones perjudiciales para el país.
Presión a fondo
Aun así, desde los organismos financieros siempre piden más. El FMI, por caso, al tiempo que destaca supuestos logros de la política económica libertaria, reclama la profundización del ajuste y las reformas estructurales. Julie Kozack, vocera del organismo, afirmó que «se han implementado reformas importantes en la política fiscal, el comercio y el mercado laboral, algunas con el apoyo del Congreso». Las autoridades argentinas, prosiguió la vocera, «están totalmente comprometidas con su ancla fiscal. Tienen previsto fortalecer aún más los marcos fiscales, impositivo y de pensiones a lo largo del tiempo».
Ese compromiso fiscal significa profundizar los recortes y la suba de impuestos a sectores que en este tiempo se han visto afectados por las políticas oficiales. El FMI está pidiendo bajar el mínimo no imponible para que al menos el 20% de los trabajadores y las trabajadoras paguen el Impuesto a las Ganancias. También solicita la «reforma» del monotributo, para que más contribuyentes pasen al régimen general, lo cual redundaría en mayores y significativas cargas para las microempresas.
En materia previsional, el organismo plantea «alinear los parámetros de jubilación con las tendencias demográficas. Vincular gradualmente la edad legal de jubilación al aumento de la esperanza de vida, y armonizar la edad de retiro entre hombres y mujeres podría ayudar a mantener un equilibrio estable entre la vida laboral y la jubilación». Pasando en limpio: el Fondo pretende que en lugar de que la sociedad capitalice a su favor los avances conseguidos (en campos como la medicina), se debe trabajar hasta edades más tardías. El equilibrio planteado por el FMI está pensado desde la óptica de las cuentas públicas, no desde el cumplimiento y la expansión de derechos.
Con la misma lógica, para el FMI la reforma laboral que aprobó el Parlamento «representa un paso clave hacia una mayor flexibilidad y el fomento del empleo formal, especialmente en un contexto de desregulación económica y apertura comercial». Sin embargo, esta legislación va en la dirección contraria de lo que están haciendo otros países de la región, que apuntan a mejorar las condiciones de los trabajadores y las trabajadoras. Es el caso de Brasil y México, que están reduciendo las jornadas laborales a 40 horas semanales en forma gradual y sin reducción salarial.

León XIV. «Las innovaciones tecnológicas no son neutrales», dijo y pidió regulaciones para su desarrollo.
La batalla cultural necesaria
Mientras tanto, la imagen de la gestión de Milei se desgasta y los sectores afines al oficialismo intentan construir una alternativa por si se pone en riesgo el rumbo iniciado a finales de 2023. Apuntan a una opción que permita consolidar el actual modelo, corrigiendo a lo sumo los excesos del estilo presidencial y demás factores de riesgo.
En ese contexto, no faltan quienes tratan de desmarcarse y establecer diferencias de matices con el Gobierno, pero sin asumir una posición clara de rechazo. Ciertas voces aparecen diciendo que «el superávit fiscal no se discute», pero no cuestionan la baja de impuestos a los sectores concentrados y de mayor riqueza, por la cual se desfinancia las arcas del Estado. Desde esta perspectiva, el equilibrio presupuestario solo puede lograrse sobre la base del ajuste permanente y del recorte de derechos de la mayor parte de la población.
En mi caso, no dejo de repetir que no somos simpatizantes del déficit fiscal, sino enemigos del ajuste para resolverlo. Por eso es imprescindible seguir bregando para que haya mayoría de voces y conciencia de que este país necesita un modelo con un Estado presente, con un desarrollo de servicios públicos eficientes para la ciudadanía y con políticas impositivas progresivas que capten recursos de quienes poseen mayor capacidad contributiva.
Concientizar acerca de cómo las decisiones políticas que se están implementando afectan la vida cotidiana de las personas es una parte esencial de la batalla cultural necesaria para construir y legitimar un modelo opuesto al neoliberal, es decir, que beneficie a la mayoría de la población en lugar de favorecer la concentración de la riqueza en cada vez menos manos.
Fuente: Noticias Argentinas

