Volver al nido: 40 años después, el reencuentro de los escuadrones Mirage que lucharon en Malvinas

Pilotos, mecánicos, civiles y soldados volvieron a abrazarse en Tandil. Entre risas y lágrimas, recordaron las proezas de 1982 y les rindieron homenaje a los combatientes que murieron en la guerra por nuestras islas.

En las series de superhéroes, el villano siempre parece más poderoso que el protagonista. Pero el héroe lucha contra esas fuerzas superiores y, afrontando sus limitaciones y miedos, finalmente vence.

Aunque sabemos que nunca existió la kriptonita, no caben dudas de que esa dañina “sustancia” debilita a Superman. El pingüino contra Batman, el Duende Verde contra Spiderman, Darth Vader contra Obi-Wan nos hacen volar con la imaginación a batallas impresionantes. Todas esas fantasías pueden venir a la mente cuando queremos hablar de “superhéroes” de historieta. Muy distinto es cuando debemos citar a los héroes de carne y hueso. Los de verdad, los que son parte de La Historia.

Guillermo Lobo y los veteranos de Malvinas Carlos Rohde (Jefe de Escuadrilla Dagger), Comodoro Pablo Mouesca (CIC), Carlos Napoleón Martínez (Jefe de Escuadrón) y Horacio Mir González (Jefe Escuadrilla). (Foto: Maximiliano Heredia)
Guillermo Lobo y los veteranos de Malvinas Carlos Rohde (Jefe de Escuadrilla Dagger), Comodoro Pablo Mouesca (CIC), Carlos Napoleón Martínez (Jefe de Escuadrón) y Horacio Mir González (Jefe Escuadrilla). (Foto: Maximiliano Heredia)

Malvinas deja varias páginas de historias reales de valor y valores

Los pilotos de combate Horacio Mir González y Carlos Rohde (tripularon Daggers en 1982) me invitaron a acompañarlos a la ceremonia por los 40 años de la gesta convocada en la VI Brigada Aérea de Tandil. Para mí, era cumplir un sueño. Los integrantes de los Escuadrones Aeromóviles volverían al “Nido”. Si bien hubo reuniones en años anteriores, por primera vez estarían todos los protagonistas que convirtieron en leyenda las hazañas de los Mirage en Malvinas.

Dardo Castor (sus indicativos de vuelo en 1982) me llevaron en su auto desde Buenos Aires hasta Tandil. Fueron 355,2 kilómetros repletos de anécdotas. Viajé en el asiento de atrás como los nenes. Polizón embelesado. No lo podía creer: ellos están probados en combate, son valientes de verdad, no teorizan sobre la valentía.

Ellos y sus camaradas fueron el azote de la flota británica. Ambos van contando historias y están tan abstraídos que olvidan que estoy atrás. ¡Mejor!: Se ríen, al rato se emocionan. No se enteran que atrás y en silencio me río y lloro con ellos. Desgranan más anécdotas de misiones y combates. Sigo quietito, escuchando. Con las manos, Dardo y Castor dibujan aquellas maniobras, convierten al auto en la cabina de sus aviones y hacen que tocan botones y que dan potencia y que esquivan misiles. Así llegamos a Tandil. Entramos a la base y los años 1982 y 2022 se unen. Los temibles Dardo y Castor me muestran la piel de gallina por volver al Nido. Su casa.

La ceremonia central por los 40 años de Malvinas en la brigada aérea de Tandil (Foto: Maximiliano Heredia).
La ceremonia central por los 40 años de Malvinas en la brigada aérea de Tandil (Foto: Maximiliano Heredia).

El reencuentro de los superhéroes

Cae la noche. Si el auto fue una máquina del tiempo, ahora serían necesarios dos enormes quinchos para cobijar a tantos veteranos que unirán pasado y presente. De a poco, fueron llegando los integrantes de los escuadrones Las Avutardas Salvajes (que en la Guerra desplegaron en Rio Grande) y Las Marinetes (que operaban desde San Julián). Abrazos y más abrazos. Muchas risas y hermandad. Con más canas unos, ya con lentes otros. Todos con carcajadas se saludaban y disparaban recuerdos con apenas una palabra o algún gesto que sólo conocen y conocerán ellos.

En el centro del quincho mágico, una mesa con sillas vacías, servida con platos y cubiertos. Es la mesa que hubieran ocupado quienes no volvieron pero, sin dudas, están en este reecuentro. El brigadier Horacio Mir González pide un minuto de silencio por ellos.

Luego, el comodoro Carlos Napoleón Martínez (Jefe de Escuadrón en 1982) anima a sus hombres como en aquellos días. Martínez recuerda: “Días antes del bautismo de fuego del 1 de mayo, convocaron a todos los pilotos a una sala. Oficiales de la Armada nos informaban que no había forma de atacar a los buques de la flota. Nos miramos. Hasta que el entonces jefe del comando Fuerza Aérea Sur, brigadier Ernesto Crespo (El Cuzco) rompió el silencio y con total autoridad ordenó ‘bueno, ya escucharon, es imposible atacarlos… les doy 48 horas para que conviertan en posible lo imposible y tengamos planes para atacar a la flota. Señores: la Fuerza Aérea va a entrar en combate’”. Piel de gallina por enésima vez.

Voy a otra mesa. Para cumplir con las misiones en Malvinas, los pilotos salían desde San Julián o desde Río Grande, pero no todos regresaban, razón que llevó a que el personal sobrellevara esas situaciones límite de distintas maneras. “El problema más serio que tenía era cuando iba a dormir a la noche. Ahí no solo pensaba en los que habían caído, sino también en mi familia”, confiesa el comodoro (retirado) Raúl Díaz.

Todos los participantes del homenaje por los 40 años de la guerra de Malvinas en la brigada aérea de Tandil (Foto: Maximiliano Heredia).
Todos los participantes del homenaje por los 40 años de la guerra de Malvinas en la brigada aérea de Tandil (Foto: Maximiliano Heredia).

El 24 de mayo de 1982, durante un ataque a la flota, un misil le dio de lleno a la aeronave de Díaz. Sin embargo, logró eyectarse. Con él iban dos Mirage V Dagger más, que también fueron impactados. Mientras uno de los pilotos, Luis Puga, también logró sobrevivir; el primer teniente (postmortem) Carlos Julio Castillo cayó al mar junto con los restos de su aeronave.

Mesa a la que iba, mesa que abría relatos conmovedores. La noche se hizo tan pero tan corta. Había que descansar. Se venía otro día lleno de historias de verdad. No historias de historietas.

La ceremonia central

El comodoro Aníbal Leiva (jefe de la VI brigada Aérea de Tandil) preparó la base de manera impecable. Los veteranos estaban muy agradecidos porque conocen el esfuerzo que ello implica. El homenaje se desarrolló en “El Bosque”, un espacio que concentra 55 árboles en memoria de los caídos. Están custodiados por dos Mirage como en vuelo de combate. Leiva admite: “Los veteranos de Malvinas dejan la vara muy alta. Ellos resumen lo que nosotros siempre quisimos y queremos ser. Cuando la Nación los llamó a cumplir el juramento de defender la Patria hasta perder la vida, ellos no lo dudaron”.

Miguel Ángel Rinaudo, suboficial de la Fuerza Aérea que estuvo en Río Grande como electricista recuerda que cada vez que los pilotos despegaban, ellos tomaban las frazadas disponibles, a modo de banderas, y se colocaban a los costados de la pista para alentarlos. No obstante, al caer la noche, era inevitable pensar en aquellos camaradas que habían perdido.

Rinaudo, mecánicos y electricistas de las aeronaves llevaron adelante una modificación de los tanques de Mirage III para que pudieran ser utilizados en los Dagger. Una proeza que permitió que estas últimas aeronaves permanecieran activas durante el conflicto. “Yo tenía 21 años y una pujanza y una fuerza que nos llevábamos puesto el mundo”, recuerda José Pascual, uno de los suboficiales de la Fuerza que participó de esa reparación.

El entonces capitán Horacio Mir González, piloto de Dagger en 1982, confiesa que, a pesar de que él volaba solo, los mecánicos lo impulsaban a asumir el compromiso que tenía con la defensa de la soberanía: “Yo cerraba la cabina. Por dentro, sentía que (el mecánico) me decía: “No me podés fallar”. Él había trabajado toda la noche, con 15 grados bajo cero. Y, finalmente, yo iba carreteando y ellos estaban al costado de la pista, con banderas. ¿Sabés lo que era eso para mí?”.

La despedida

No me alcanzan los oídos y la emoción para escucharlos y preguntarles más y más historias. En 1982, yo tenía 13 años. Desde entonces, como tantos argentinos, leí, releí e investigué cada uno de los capítulos heróicos de quienes combatieron por Nuestras Malvinas en aire, mar y tierra.

(Foto: Maximiliano Heredia)
(Foto: Maximiliano Heredia)

40 años después siguen brotando historias de héroes de verdad, de carne y hueso. Hoy tengo el privilegio de estar con ellos. De abrazarlos, de agradecerles. Pero el día se va. La ceremonia se va terminando y no quiero que termine nunca como nunca debería terminar nuestro homenaje hacia ellos.

Antes de irnos, le pido al comodoro Martínez que me cuente una historia más (como cuando éramos chicos y pedíamos que nos repitieran alguna historia de esas que nos deslumbraban). “Napo” me mira… hace una pausa. Degustando cada palabra cuenta: “La batalla del 82 llegaba a su fin. Quedaba alguna resistencia en Puerto Argentino. El brigadier Crespo nos reúne para ordenar nuevos ataques de la Fuerza Aérea Argentina. Uno de los pilotos le pregunta al “Cuzco” cuántas misiones más saldrían teniendo en cuenta el avance británico. Crespo mira a todas las tripulaciones y con voz profunda y segura les aclara: ‘Seguiremos combatiendo hasta el último avión con el último hombre y su última munición. Y en ese último avión como último hombre iré a combatir yo’”.

La Fuerza Aérea no firmó la rendición. Al “Napo” se le llenan los ojos de lágrimas. Me pasó lo mismo esa noche y veo borroso ahora que escribo estas últimas letras. Ahora entiendo por qué estos hombres, antes de lanzarse al ataque, gritaban: “¡Y no hay quién pueda, carajo!”

Fuente: TN