Las pruebas para medir fertilidad podrían no ser idóneas

Michele K. Bourquin, ejecutiva de cuentas de Atlanta, tenía 36 años y era divorciada cuando investigó por primera vez cómo congelar sus óvulos.

“Sabía que yo no estaba rejuveneciendo y que mis óvulos estaban envejeciendo”, comentó Bourquin.

Así que visitó a un médico que le hizo el análisis de sangre que a menudo se utiliza para verificar la reserva ovárica de una mujer. Su funcionamiento consiste en identificar la hormona antimülleriana, o HAM, que secretan los folículos ováricos, los sacos que albergan cada óvulo.

Le dijeron que los resultados no eran satisfactorios. Su nivel de HAM era demasiado bajo y el de la hormona estimulante del folículo era demasiado alto; ambos indicaban una disminución en la producción de óvulos. En otras palabras, lo más probable era que requiriera muchos procedimientos para reunir suficientes óvulos que pudiera congelar.

El costo de 15.000 dólares por cada procedimiento era exorbitante, y su seguro médico no cubría tratamientos de congelación ni de fertilidad. Una enfermera le sugirió mejor utilizara los óvulos de alguna donante.

“Me sentía devastada”, dijo Bourquin.

Dos años después, se casó de nuevo. Y prácticamente la primera vez que lo intentaron, Bourquin y su esposo concibieron de forma natural. Su médico estaba “pasmado”, afirmó Bourquin.

“Incluso fuimos a comprar un billete de lotería”, agregó. “Pensábamos: ‘¿en serio?’”.

Un nuevo estudio publicado en la “Revista de la Asociación Médica Estadounidense” el 10 de octubre destaca la experiencia de Bourquin y lo que muchos expertos han observado: la HAM no determina el potencial reproductivo de una mujer. Y aunque esa prueba es una de las formas más comunes que tienen los médicos de evaluar la fertilidad de una mujer (es especialmente importante para las que batallan con la infertilidad), el valor de este estudio no es determinante.

Zev Rosenwaks, director del Centro de Medicina Reproductiva del Colegio de Medicina Weill Cornell y del Hospital Presbiteriano de Nueva York, describió el estudio como “elegante”.

“Solo se necesita un óvulo de cada ciclo”, aseveró. “La HAM no es un marcador que defina si puedes embarazarte o no”.

Para las mujeres que aún no intentan tener hijos y se preguntan si son fértiles, conocer el nivel de la HAM “no será de ayuda en ese contexto”, dijo Esther Eisenberg, directora del programa del Programa de Salud Reproductiva e Infertilidad del Instituto Nacional de Salud, que contribuyó a financiar el estudio. Además, “la HAM no es por necesidad un buen marcador que te indique el momento idóneo para congelar tus óvulos”.

Los médicos todavía no tienen una forma de predecir la calidad de los óvulos ni la capacidad a largo plazo que tiene una mujer de concebir, pero la edad es uno de los factores más importantes.

“De verdad siento que es todo lo que tenemos por ahora”, comentó Anne Z. Steiner, investigadora que dirige el estudio y profesora de endocrinología reproductiva e infertilidad de la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill.

Su estudio dio seguimiento a 750 mujeres de entre 30 y 44 años de edad que llevaban tres meses o menos tratando de concebir. Durante el periodo de observación de un año, aquellas mujeres con niveles de HAM por debajo del 0,7 no tuvieron menos probabilidades de concebir que aquellas que tenían niveles normales de la hormona.

“La cantidad [de óvulos] no significa nada, sino la calidad, y no existe una prueba para la calidad”.

No obstante, el estudio tiene varias limitaciones. Los investigadores solo incluyeron a mujeres sin antecedentes de infertilidad, pues quienes recurrieron a tratamientos de fertilidad (alrededor del 6 por ciento) fueron descartadas. Y solo el 12 por ciento de las mujeres se encontraban en el rango de edad de entre los 38 y los 44 años. Además, no se tenía el dato de la cantidad de nacimientos de un bebé vivo. Steiner dice que el siguiente paso es investigar si un nivel bajo de la HAM se asocia a un mayor riesgo de aborto espontáneo entre las mujeres que concebían.

La hija de Bourquin ya tiene dos años y ahora espera poder tener un segundo hijo. Pero a los 41 años las cosas ya no son tan fáciles.

Ella y su esposo intentaron concebir de manera natural, durante meses, sin éxito. Luego de tres intentos fallidos de inseminación intrauterina, o IIU, y una recuperación de óvulo fallida, están intentando otra IIU.

Uno de los primeros estudios de Steiner, publicado en junio del año pasado, demuestra que las mujeres experimentan una reducción importante de la fertilidad conforme se acercan al final de sus treinta años.

“No hay una edad específica en la que una mujer deje de ser fértil”, comenta Steiner, pero hay ligeros declives en la fertilidad pasados los 35 años, y después se presentan descensos más pronunciados.

“La diferencia entre los 30 y los 33 años es casi imperceptible”, agregó. “pero la diferencia entre los 37 y los 40 será bastante drástica”.

Aunque la prueba HAM no está diseñada para una medición general de la fertilidad de la mujer, sí puede ofrecer información valiosa, en especial para las “mujeres que son infértiles y buscan tratamiento”, aseguró Rosenwaks.

Puede ser de ayuda en el diagnóstico del síndrome de ovario poliquístico y para identificar cuando una mujer se acerca a la menopausia.

Investigaciones previas también demuestran que la HAM es muy buena para predecir la respuesta a la estimulación ovárica para la fertilización in vitro (FIV), señaló Steiner, y puede predecir la probabilidad de concebir mediante este procedimiento.

En un caso, Lauren Donato, de 37 años, gastó aproximadamente 50.000 dólares intentando concebir, principalmente mediante la FIV, luego de enterarse el año pasado de que sus niveles de HAM eran muy bajos. Hace poco se mudó de nuevo a casa de sus padres para no endeudarse.

Pensó en congelar sus óvulos hace una década. En aquel momento, recordó, le dijeron que no tenía de qué preocuparse.

“Mi ginecobstetra seguía diciendo ‘Eres muy joven’”, añade Donato. “Pero yo seguía pensando que debía haber una especie de prueba”.

A medida que pasaron los años, Donato, consejera de salud mental en Brooklyn y quien es soltera, siguió pensando en tener hijos. El año pasado, cuando cumplió 36, uno de sus médicos le practicó finalmente la prueba de la HAM.

Le dijeron que cualquier nivel menor a 1 se considera, por lo general, bajo para una mujer de su edad. El suyo era de 0,1. Donato visitó a un endocrinólogo reproductivo, que le sugirió que intentara una FIV de inmediato.

“A grandes rasgos, el médico dijo: ‘O tienes un bebé ya o no vas a tener ninguno’”, recuerda Donato. Eligió a un donador de esperma y desde entonces ha estado tratando de encontrar su “óvulo de oro”, aquel que pueda ser fecundado para un embarazo.

La calidad de los óvulos disminuye conforme envejece una mujer, de modo que encontrarlo es más complicado de lo que podía haber sido hace diez años. “La cantidad no significa nada, sino la calidad”, dijo. “Y no existe una prueba para la calidad”.

 

Fuente: Clarin

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