“Un atardecer de acordes, el gran ensayo de encontrar la eternidad”

Un amigo de la casa, compañero, actor, locutor y vaya a saber cuántas virtudes y profesiones me estoy olvidando, y cuantas tendré que sumar en un tiempo, se tomó unos minutos para cristalizar en unas líneas, la sensación que deja ir a un recital de rock, en este caso un recital del que todos volvieron empachados de música y acordes, la aplanadora, Divididos, historia del rock con más presente que nunca.

Todo viaje tiene un principio y un final. Este tuvo su comienzo el sábado alrededor de las 15.30hs cuando nos llegó el mensaje de Tama que estaba afuera esperándonos con Lucas (no querían tocar el timbre por la siesta). Así que, junto con Flavia salimos con algunos bártulos: mochila, bolsito de mano, camperas y una caja que albergaba algunas bebidas. Cargamos y salimos. Faltaba un amigo y su departamento quedaba de paso y a los 10 minutos Sebastián se subió al auto y partimos. Nada de fumar o hacer pis, la primer parada fue para cargar una damajuana de vino casero en la finca de un conocido. Cargamos y salimos.

La ruta entre San Rafael y Alvear nos tenía preparados mucho tráfico y mucho calor pero decidimos hacer honor al folclore argento y arrancamos la ronda de mates. Sobre las 17 – 17 y monedas ya estábamos en la casa de Tama tomando unos mates con su mamá, su abuela y su hermano. Pasaron unos 10 minutos y Sebastián salió a buscar la carne para el asado que sería la previa al recital. Los demás nos quedamos encendiendo el fuego y preparando algunas cosas: la picada, la bebida en la heladera y la música (no hay previa sin al menos estos últimos 3 factores). Poco tiempo después llegaron nuevos integrantes para la previa: Ariela, otros chicos de Alvear y algunos otros de San Rafael: Enrique, Victoria y otros chicos (sepan disculpar pero no es virtud de esta mente aprender nombres).

Previa. Es aconsejable que el estómago este a medio llenar en las previas por este motivo, salió el asado. Salieron los “sanguchitos” de chori, luego los bocaditos de tapa y luego los de vacío. Sobre las 21hs emprendimos la caminata hacia el estadio y todo transcurrió con total normalidad. Mientras uno va caminando hacia un recital suceden las cosas más maravillosas que uno puede imaginar: desde recordar viejas anécdotas y llorar de la risa o de la emoción, hasta encontrarte con gente que iba camino al mismo lugar y abrazo mediante, se sigue el mismo rumbo.

Acerca del recital no hay mucho que agregar que no se sepa de la banda, la aplanadora sigue manteniendo vigente su apodo. Mollo, Arnedo y Ciavarella forman un power trío que a ojos cerrados uno podría tener la sensación de que son 10 o 12 músicos. No exagero. Si usted no ha podido ver Divididos en vivo, no lo piense más, vaya a verlos y luego le dará la razón a esta persona que le está haciendo leer estas líneas. En términos cuyanos, Divididos es, esa tormenta que viene sonando desde hace un rato y a medida que se acerca suena más y más fuerte, con la diferencia que esta banda es la tormenta sonando fuerte durante casi 3 horas de show. 26 temas decía la lista, que superaron los 30 entre riffs y algunos pedidos de la gente. El escenario tenía dimensiones increíbles, punto a favor para esos gastos en los que muchas veces no se hacen pensando que son excesos, este recital deja en evidencia que la puesta de luces, el escenario y el sonido son cosas que van mancomunadas, mientras más inversión exista allí, más respuestas a favor tendrán de las personas. El efecto de las tres pantallas del fondo sumadas a las dos pantallas de los laterales hizo de un escenario de primer nivel.

Si uno hace una encuesta rápidamente, Ciavarella se lleva el primer puesto de la noche, y es que, Catriel con sus primeros 38 años no dejó casi ningún silencio entre tema y tema, fue el que le “pegó”, literalmente, de manera seguida todo el recital, es más, hacía “solos” de batería mientras esperaba que Arnedo y Mollo volvieran al escenario y les daba el puntapié inicial para arrancar en las canciones. Acerca de Mollo (60 años) y Arnedo (63 años) todos los adjetivos para describir a un músico estarían bien, se pasan, de verdad son unos monstruos.

El regreso a la casa que nos hospedaba fue impecable. Llegamos con hambre y ahí es donde el asadito que sobró cotiza en bolsa. Así fue, picamos algo, saciamos la sed, nos peleábamos por hablar bien de Divididos mientras esperamos que el resto de los chicos llegara y los demás preparaban el termo para el viaje porque se volvieron esa misma noche.

El domingo luego de las empanadas y ñoquis caseros de la Abuela……………………… dejo esos puntos suspensivos para que traguen esa agüita que se les hizo de solo nombrar la comida, preparamos las cosas y nos vinimos… gracias Alvear, GRACIAS DIVIDIDOS!!! Ojalá todos los mortales sepan el inmenso valor que tiene la música y el valor que tiene para uno, viajar para re-encontrarse.

Viridio

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